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      MADRIGALES

Si Dios me permitiese ¡oh dulce anhelo!
engarzar en la bóveda del cielo
dos soles más, al punto engarzaría
tus ojos, vida mía.

¿Y por qué? —me preguntas—, ¡insensata!
Porque así lo que intento alcanzaría:
arrancarte los ojos por ingrata
y hacer más bello y luminoso el día.

Lloró cuando le dije: Adiós, mi vida;
y al través de las gotas de su llanto,
sus inquietas pupilas parecían
dos góndolas azules naufragando.



Julio Flórez


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