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      SON...SONE...TES

¡Oh tú que en gradación eterna y muda
has ostentado todos los colores,
como el iris que el sol con sus fulgores
forma en la negra inmensidad desnuda!

Tú que conoces al varón que suda
de un mísero destino los rigores;
tú, que ya no tendrás días mejores
de esta existencia en la batalla dura;

Tú, que verde y sutil como la malva
cubrir osaste como al sol la nube,
de nuestro amigo la luciente calva;

Hoy que el sepulcro tu carrera ataja,
no te diré como a la niebla: ¡Sube!
Yo te diré como a la noche: ¡Baja!

Duerme tú, que sufriste los sudores
de esa columna humana en cuya cumbre
tanto el alma vertió candente lumbre
que hasta el pasto quemó con sus ardores.

Duerme tú, que jamás sucios favores
lograste, como muchos, por costumbre;
que toda tu asquerosa podredumbre
se torne al cabo en perfumadas flores.

No, la muerte no es noche; es luz, es alba
que a la niebla de la nada aterra
y de la sombra sepulcral nos salva;

Como el cadáver que la tumba encierra,
tú bajaras desde la estéril calva
de Carlos, ¡ay!, a fecundar la tierra.

Tú, que la cumbre de Tamayo un día
ocupaste como águila altanera,
que bajo el dombo de la azul esfera
mira la muda inmensidad vacía;

Tú, que en la noche tempestuosa y fría
diste abrigo en la calma y en la cuera
de aquel que es más delgado que una cera
y más largo tal vez, que una bujía.

Debes dormir en el recinto oscuro
de la tierra, que es madre bondadosa,
que lecho da a su huésped, jamás duro,

y que hace al rededor nacer la rosa
y tornar en ambiente blando y puro
todo lo que al morir rueda a la fosa.

Reposa, pues entre la tumba hueca
que va a cambiar tu singular destino;
ya que malezas no hubo en tu camino
llevas al fenecer mucha manteca.

Aunque muerta, tu cinta no está seca;
quizás untada de aguardiente o vino,
de la muerte en el raudo torbellino,
como todas irá de Ceca en Meca.

Pero tal vez la savia oscura y sola
de la fecunda tierra, cuyo aliento
vaga al acaso como inmensa ola,

hará de ti, para halagar al viento
el cáliz de una trémula amapola
o la corola azul de un pensamiento.



Julio Flórez


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