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        CABALLOS EN EL AIRE
          (CINEMATÓGRAFO)

Caballos.
Lentísimos partiendo y ya en el aire,
¿Van a volar tal vez ?

La atmósfera se agrisa.
¡Cuánto más resistente
Su espesura más gris!
Con lentitud y precaución de tacto
Las patas se despliegan
Avanzando a través
De una tarde de luna.
Muy firme la cabeza pero sorda,
Más y más retraída a su silencio,
Las crines siempre inmóviles
Y muy tendido el lomo,
Los caballos ascienden.
iVuelan tal vez sin un temblor de ala
Por un aire de luna?
Y sin contacto con la tierra torpe,
Las patas a compás
—¿Dentro de que armonía?—
Se ciernen celestiales,
A fuerza de abandono misteriosas.
¿O a fuerza de cuidado?

Inútiles, se  entregan los jinetes
—¿Para que ya las bridas?—
A las monturas suaves y sonámbulas,
Que a una atracción de oscuridad cediendo

Se inclinan otra vez hacia la tierra,
Sólo por fin rozada
Sin romper el prodigio,
Rebotando, volando a la amplitud
Sin cesar fascinante.

Avanzan y no miran los caballos.
Y un caballo tropieza.
¡Con qué sinuosidad de cortesía
Roza, cae, se dobla,
Se doblega a lo oscuro
Se tiende en su silencio!
Hay más bianco en los ojos.
Más aceradamente se difunden
Los grises
Sobre el inmóvil estupor del mundo.
Las manchas de gentío
Se borran
Tras vallados penosos
Con su oscura torpeza de rumores.
Los caballos ascienden, bajan, pisan,
Pisan un punto, parten,
A ciegas tan certeros,
Más sordos cada vez, flotantes, leves,
Pasando, resbalando.
¡Qué ajuste sideral
De grises,
Que tino de fantasmas
Para llegar a ser
Autómatas de cielo,
Espíritus—estrellas en su trance
Seguro sin premura!

¿Sin premura de fondo?
Esta pasión de lentitud ahora
¿No es todavía rápida,
No fue ya rapidez?
Rapidez en segundos manifiesta.
Visibles y tangibles,
Desmenuzan el vértigo
De antes
En aquel interior de torbellino:
Corpúsculos, segundos, arenisca
De la más lenta realidad compacta.

¡Gracia  de este recóndito sosiego!
El animal se cierne,
Espíritu por fin,
Sobre praderas fáciles.
¡Allá abajo el obstáculo
Sobre el suelo de sombra!
Silencio. Los rumores del gentío
Por entre las cornisas y las ramas
Desaparecerán,
Callarán los insectos entre hierbas
Enormes,
Y follajes de hierro
Se habrán forjado a solas.
Alguna flor allí
Revelará sus pétalos en grande

¡Qué lentitud en ser!
Corred, corred, caballos.
Implacable, finísima,
La calma permanece.
¡Cuántas fieles ayudas primorosas
A espaldas de la prisa!

Envolviendo en su gris
Discurre la paciencia
Por entre los corpusculos del orbe,
Y con su red se extiende
Sobre las lentas zonas resguardadas.
Entre una muchedumbre de segundos
Se ocultan, aparecen
Los cuerpos estelares
—Y esos caballos solos—
Arriba solos sobre el panorama.
¡Cascos apenas, leves y pulidos
Pedruscos!

Entre los cielos van
Caballos estelares.
¿Caballos?

autógrafo

Jorge Guillén


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Primera serie. Cántico. Fe de Vida
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