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        EL DESAMOR

¡Salud, noche apacible! ¡Astro sereno,
Bella luna, salud! Ya con vosotras
Mi triste corazón de penas lleno
Viene a buscar la paz. Del sol ardiente
El fuego me devora;
Su luz abrasadora
Acabará de marchitar mi frente.
Sola tu luz ¡oh luna! pura y bella
Sabe halagar mi corazón llagado,
Cual fresca lluvia el ardoroso prado.
Hora serena en la mitad del cielo
Ríes a nuestros campos agostados.
Bañando su verdura
Con plácida frescura.
Calla toda la tierra embebecida
En mirar tu carrera silenciosa;
Y sólo se oye la canción melosa
Del tierno ruiseñor, o el importuno
Grito de la cigarra: entre las flores
El céfiro descansa adormecido;
El pomposo naranjo, el mango erguido
Agrupados allá, mi pecho llenan
Con el sublime horror que en torno vaga
De sus copas inmóviles. Unidas
Forman entre ellas bóveda sombrosa,
Que la tímida luna con sus rayos
No puede penetrar. Morada fría
De grato horror y oscuridad sombría,
A ti me acojo, y en tu amigo seno
Mi tierno corazón sentiré lleno
De agradable y feliz melancolía.

Calma serenidad, que enseñoreas
Al universo, di, ¿por qué en mi pecho
No reinas ¡ay! también? ¿Por qué agitado,
Y en fuego el rostro pálido abrasado,
En tan profunda paz sólo suspiro?

Esta llama volcánica y furiosa
Que arde en mi corazón, ¡cuál me atormenta
Con estéril ardor!... ¿Nunca una hermosa
Por fin será su delicioso objeto?
¡Cuán feliz seré entonces! Encendido
La amaré, me amará, y amor y dicha...
¡Engañosa esperanza! Desquerido
Gimo triste, anhelante,
Y abrasado en amor no tengo amante.

¿No la tendré jamás?... ¡Oh! ¡si encontrara
Una mujer sensible que me amara,
Cuanto la amase yo! ¡cómo en sus ojos
Y en su blanda sonrisa miraría
Mi ventura inmortal! Cuando mi techo
Estremeciese la nocturna lluvia
Con sus torrentes férvidos, y el rayo
Estallara feroz, ¡con qué delirio
Yo la estrechara a mi agitado pecho
Entre la convulsión de la natura,
Y con ella partiera
Mi exaltado placer y mi locura!
¡O en la noche serena
Los aromas del campo respirando,
En su divino hablar me embebeciera;
En su seno mi frente reclinando,
Palpitar dulcemente le sintiera;
Y envuelto en languidez abrasadora,
Un beso y otro y mil la diera ardiente,
Y al agitado seno la estrechara,
Mientras la luna en esplendor bañara
Con un rayo de luz su tersa frente!...

¡Oh sueño engañador y delicioso!
¿Por qué mi acalorada fantasía
Llenas de tu ilusión? La mano impía
De la suerte cruel negó a mi pecho
La esperanza del bien: sólo amargura
Me guarda el mundo ingrato,
Y el cáliz del dolor mi labio apura.

(1822)

autógrafo

José María Heredia


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