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    LA LÁGRIMA DE PIEDAD

¡Cómo exalta y diviniza
El rostro de la hermosura
La expresión celeste y pura
De la sensibilidad!
¡Cuán estático, mi amiga,
Tu semblante contemplaba,
Cuando en tus ojos temblaba
La lágrima de piedad!

Grata es la luz apacible
Que occidente nos envía
Cuando el expirante día
Sepulta la eternidad.

Del crepúsculo es la hora
Grata al alma pensativa;
Pero muy más la cautiva
La lágrima de piedad.

Ved a la virgen amable
Cuanto más bella se ostenta
Si al pobre anciano alimenta,
Con modesta caridad.

¡Y lo niega ruborosa!
¿Es un ángel, o una bella?...
¡Ved!... en sus ojos centella
La lágrima de piedad.

El delicioso rocío
Que vierte nocturno cielo,
Llanto es, y al árido suelo
Torna frescura y beldad.

Cuajado sobre las flores,
¡Cómo en la luz resplandece!
Pero su brillo oscurece
La lágrima de piedad.

¡Cuánto es horrible la vida
Al que ama desesperado!
¡Cómo del objeto amado
Le atormenta la beldad!

¡Una lágrima!... Bendigo
Todo el rigor de mi suerte...
¿Es el amor quien la vierte,
Ó es lágrima de piedad?

¡Oh mi bien! ¡Ay!... No te ofenda
El escuchar que te adoro:
Nos divide, no lo ignoro,
Tirana desigualdad.

Nada exijo... ¿Por ventura
Deberás negar impía
A la triste pasión mía
Lágrimas ¡ay! de piedad?

autógrafo

José María Heredia


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