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        LA AUSENCIA

Cuando angustiado gimo
En esta ausencia impía,
Escucha, amada mía,
La voz de mi dolor.

Y cuando aquestos versos
Repitas con ternura,
Júrame en tu alma pura
Fino y eterno amor.

¿Quién me quitó tu vista?
¿Quién ¡ay! tu dulce lado?
Objeto idolatrado,
¿Quién me te arrebató?

Mientras otros prodigan
En vicios su riqueza,
La bárbara pobreza
De ti me separó.

De ella con mis afanes
Alcanzaré victoria,
Y entre placer y gloria
A ti me reuniré.

Te estrecharé a mi seno,
Te llamaré mi esposa,
Y en unión deliciosa
Contigo viviré.

Si no muda mi suerte,
Si aun me persigue el hado,
Nunca, dueño adorado,
Mis votos burlarán.

Pues pobre te haré mía,
Y de ventura lleno
Te acostaré en mi seno,
Te haré comer mi pan.

Mas no; dulce esperanza
Me halaga en lo futuro,
Y de tu amor seguro
Pongo mi vida en ti.

Cuando suspiro triste,
Sé que en aquel instante,
Tu corazón amante
Palpita fiel por mí.

Sufre, cual yo, y espera,
Objeto a quien adoro,
Mi gloria, mi tesoro,
Divinidad mortal.

Piensa en mi amor constante;
Y la esperanza amiga
Alivie la fatiga
De ausencia tan fatal.

(Julio de 1827)

autógrafo

José María Heredia


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