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        MISANTROPÍA

Yo vi del polvo levantarse audaces
A dominar y perecer, tiranos:
Atrepellarse efímeras las leyes,
Y llamarse virtudes los delitos.

MORATÍN.

Entre deseos férvidos y penas
Y tedio y duda fúnebre vagamos:
«Tan sólo sé que todo lo ignoramos»,
Dijo el mayor filósofo de Atenas.
Y dijo bien: el hombre miserable
Nace para sufrir, y desmentida
Queda la vana charla de los sabios
Por el grito doliente que sus labios
Lanzan en los umbrales de la vida.
Desde la cuna hasta el sepulcro yerto
Por siempre lucha con dolor y crimen,
Y está por mil deseos abrasado,
O bien suspira, por el tedio helado.
Ni el sangriento laurel de la victoria,
Ni el engañoso brillo de la gloria
Endulzan ¡ay! su lamentable suerte.
¡Hijo infeliz de incertidumbre y muerte!

Si finalmente deja fatigado
La triste decepción de los placeres,
Y en la razón estéril apoyado
Con vanas discusiones
Establecer intenta sus deberes,
Halla sólo do quier contradicciones,
Y decidir no puede con certeza
Do acaba la virtud y el vicio empieza.
La misma inspiración modificada
Es crimen o virtud, noble o perversa.
Así la llama del valor divina
Que un semidiós eleva en Decio fuerte,
Respira sangre, asolación y muerte
En el abominable Catilina.

Yo vi al pueblo furioso
De pérfido tirano
Frenético besar la cruenta mano,
Y bendecir su yugo pavoroso.
¡Ay! de sus defensores al suplicio
Vile aplaudir con vértigo funesto,
Apellidar flaqueza la templanza,
Y sublime virtud y santo celo
Por el honor del cielo
El odio vil y bárbara venganza.

Por estúpidos brazos manejadas
Vi ¡oh baldón! a las armas vencedoras,
De independencia ya conquistadoras,
En discordia civil ensangrentadas.
Justicia, humanidad, atropelladas.
Vi de la patria en el sagrado nombre:
Como tigres o furias irritadas,
Do quier vi al hombre perseguir al hombre.
Do quier la demagogia sanguinosa,
Cual hidra ponzoñosa,

La multitud escuálida subleva,
A desgarrar el seno de la patria
Con furibunda ceguedad la lleva;
Y maldiciendo el yugo de los reyes,
Cubre de fango, lágrimas y sangre
La libertad y las holladas leyes.
De Californias al opuesto polo
Pululan ¡ay! los crímenes insanos:
¡Veo cien mil demagogos, mil tiranos,
Y ni un patriota solo!...

¡Oh Civilización! ven asentada
En el carro del tiempo silencioso,
Y reanime tu soplo delicioso
Del mundo yerto la beldad ajada.
De opresores plebeyos y reales
Caiga la destructora tiranía,
Y al trono fiero y libertad impía
No cerquen bayonetas y puñales.
Cuarenta siglos de furor y males
Instruyan ¡ay! al hombre.
La santa religión su voz anime,
Y fulminando el iracundo Marte,
Desplegue triunfadora el estandarte
De tolerancia y de moral sublime;
Y en sus ejes eternos afirmado
Con reposo profundo,
Goce justicia y paz el justo mundo.

autógrafo

José María Heredia


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