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        PROYECTO

De un mundo débil, corrompido y vano
Menosprecié la calma fastidiosa,
Y amé desde mi infancia tormentosa
Las mujeres, la guerra, el Oceano.

¡El Océano!... ¿Quién que haya sentido
Su pulso fuertemente conmovido
Al danzar en las olas agitadas,
Olvidarlo podrá? Si el despotismo
Al orbe abruma con su férreo cetro,
Será mi asilo el mar. Sobre su abismo
De noble orgullo y de venganza lleno,
Mis velas desplegando al aire vano,
Daré un corsario más al Oceano,
Un peregrino más a su hondo seno.

Y ¿por qué no? Cuando la esclava tierra
Marchita y devorada
Por el aliento impuro de la guerra,
Doblando al yugo la cerviz domada
Niegue al valor asilo,
Yo en los campos del piélago profundo
Haré la guerra al despotismo fiero.
Libre y altivo en el sumiso mundo.
De la opresión sangrienta y coronada
Ni temo al odio, ni al favor impetro.
Mi rojo pabellón será mi cetro
Y mi dominio mi cubierta armada.

Cuando los aristócratas odiosos,
Vampiros de mi patria despiadados,
Quieran templar sus nervios relajados
Por goces crapulosos,
En el aire genial del Oceano,
Sobre ellos tenderé mi airada mano,
Como águila feroz sobre la presa.
Sufrirán servidumbre sin combate,
Y opulento rescate
Partirán mis valientes compañeros.

Bajo del yugo bárbaro que imponen
A la igualdad invocarán: vestidos
Con el tosco buriel de marineros,
Me servirán cobardes y abatidos.
Pondré a mis plantas su soberbia fiera,
Temblarán mis enojos,
Y ni a fijar se atreverán los ojos
Sobre mi frente pálida y severa.

(1824)

autógrafo

José María Heredia


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