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        EN LA MUERTE DE RIEGO

    Los monarcas altivos de Europa
Ven alzarse los pueblos iberos,
Y sobre ellos resuelve severos
De su fuerza el torrente soltar.
    ¡Libertad! es terrible tu acero;
Mas ¿dó el brazo estará que lo vibre?
¡Por ventura quien nunca fue libre
Puede rayos al trono lanzar?

    Con jactancia los hijos de Iberia
¡Libertad o la muerte! gritaban;
¡Libertad o la muerte! sonaban
Ebro y Betis, Pirene y el mar.
    ¡Ignominia, baldón a sus nombres!
Al bnmar de la lid se escondieron,
Y la palma del triunfo cedieron,
Sin osarla al francés disputar.

    ¡Ignominia perenne a tu nombre,
Degradada y estúpida España!
Del tirano a la bárbara saña
Abandonas tu bravo adalid.
    ¡Pareció por romper tus cadenas!
Libertad su apoteosis reclama:
A los ojos del mundo te infama,
Cuanto le honra, su noble morir.

    El gran Riego al cadalso camina
Entre el gozo y el unor insensato
De ese pueblo frenético, ingrato,
Que cuando era feliz le adoró.
    Le prodigan indignos ultrajes
Al morir entre duros tormentos,
¡Y al sol arden sus miembros sangrientos,
Que ni tumba el tirano le dio!...

    No será para el mundo perdido
Tan odioso, tan bárbaro ejemplo:
Aun habrá quien venere cual templo
De su injusto suplicio el lugar.
    Y se indigne sobre él; que la tierra
De un patriota con sangre bañada
Es tan digna de honor, tan sagrada,
Como asidla en que posa un altar.

    Ya los reyes te befan, España,
De tu infamia profunda riendo,
Y en tinieblas y sangre gimiendo,
Hoy la sierva de Europa te ves.
    ¡Santo Oficio, renace!... Inhumanos,
Restituidos al crimen os vemos;
Cantad himnos al cielo, blasfemos,
Porque os lanza en la tierra otra vez.

    Restaurad vuestros ritos impíos,
Restaurad el horrible tormento,
Y en la hoguera y el potro sangriento
Sonreiréis al humano dolor.
    ¡Peores sois que demonios comunes!
Aun al vulgo feroz del infierno,
Mansión triste de crimen eterno,
Inspiráis menosprecio y horror.

    No perpetuo será tan vil triunfo:
Vuestro gozo templad, opresores,
Por que al fin armará vengadores
Vuestra rabia insensata y feroz.
    Justo el cielo modera sus iras,
Y la copa del crimen se llena;
¡La venganza distante ya truena,
La justicia se apresta de Dios!

autógrafo

José María Heredia


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