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        TRIUNFO DE LA PATRIA

Cuando en la etérea cumbre
De los eternos Andes se amontonan
Mil pavorosas nubes,
De hielo, fuego y destrucción preñadas,
Y con fúnebre cerco los coronan,
En negra sombra se oscurece el día,
Y gira en las llanuras aterradas
Triste, sordo rumor, nuncio de muerte.
Pero si el rayo fuerte
Estalla y rompe de la nube el seno,
La densa oscuridad rasga su velo,
La fiera tempestad ruge bramando,
Y más puro brillando
Se ostenta el sol en el desierto cielo.

Así la torpe sedición que impía
A la gloria de Anáhuac insultaba,
Y fiera provocaba
A la guerra civil y horrendo estrago,
Despareció, cual humo, al solo amago
Del ínclito Guerrero.
La hidra feroz por él yace vencida;
Y la ley afirmada,
Al relucir su fulminante acero
Brilla de nuevo lustre coronada.

¡Caudillo vencedor! Siempre la Patria
Ídolo fue de tu alma generosa.
Su independencia y libertad hermosa
Siempre a su culto vieron consagrados
Tu brazo y corazón. Cuando Anáhuac
Vio al Ibero triunfar, puso en tus manos
La centella feliz de sacro fuego
Que devoró por fin a los tiranos.
Hoy de furor anárquico lo libras.
De la victoria espléndida el camino
Mostrándote la Patria te imploraba:
De su estrella el fulgor te iluminaba:
¡Llegar, ver y vencer fue tu destino!

¡Goza tu pura gloria,
De ciudadanos inmortal modelo,
Predilecto de Anáhuac! Por do quiera
De salvación el grito y de victoria
Se oye sonar. El pueblo que salvaste
Una vez y otra vez, levanta al cielo
Con exaltado amor tu nombre y fama,
Y de su libertad e independencia
Inexpugnable Paladión te aclama.

Tú, Victoria, también honor ganaste
Sofocando la bárbara anarquía,
Y la alta profecía
De tu nombre fatídico llenaste.
Osó la rebelión llamar flaqueza
Tu alta moderación; pero tu mano
Supo frenar sus ímpetus furiosos,
Y presentaste noble a los facciosos
La inalterable frente que al tirano.

¿Quién pudo resistir cuando a Guerrero
Al campo del honor lanzó Victoria?
¡Columnas del Anáhuac! A vosotros
De hoy más la patria fía
Su alto destino, libertad y gloria.
Sus enemigos con maldad impía
Querrán soplar en vuestras nobles almas
De la discordia el bárbaro veneno.
¡Su gozo no excitéis! Por siempre unidos
Os mire Anáhuac y os admire el mundo,
Y húndase la anarquía
Del Averno en el antro más profundo.

¡Y tú, Bravo infeliz, ángel caído!...
Mi canto dolorido
No insultará tu inmensa desventura.
Con sensible amargura
Renueva la memoria
Los timbres inmortales
De tu antigua virtud y de tu gloria.
A pesar del laurel por el Anáhuac
A tu frente gloriosa entretejido,
Del rayo celestial te ves herido.
En tu funesta suerte
Alta lección a las facciones diste
Y también a los reyes.
Contra el Anáhuac o sus santas leyes
¿Quién osará luchar, si tú caíste?

(Enero de 1828)

autógrafo

José María Heredia


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