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    LA LLAVERA

Viste el hábito rancio y habla ronco en voz densa;
sigue un perro la angustia de su sombra benigna;
mascullando sus votos, reverente, consigna
un espectro achacoso de rutina suspensa...

Al repique doméstico de sus llaves, se piensa
en las brujas de Rembrandt... sin embargo, es tan digna
que Luzbel la chamusca, por lo cual se persigna
y con aguas benditas neutraliza su ofensa...

Ella sabe la historia de los Santos Patrones,
de Syllabus, de ritos y de Kirieleysones...
Ella sufre nostalgias sordas del Santo Oficio.

En la gloria del Padre será libre de expurgo.
Y se tiene por cierto que en la Noche del Juicio
dará fe de los buenos moradores del burgo...

Julio Herrera y Reissig


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