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      LA SIESTA DURANTE EL VIAJE

              Prado
De una esmeralda rutilante y ácida.
Sol de cobre cegante en el sembrado,
Y de tul luminoso entre la plácida
Fugitiva glorieta de glicinas.
Sopor, calor, fragancias bochornosas
De estrujadas corolas campesinas
              Y maceradas rosas.

      Sopor, calor y pesadéz, fatiga
Que se acrecienta al recordar la fuente,
La casa blanca con la alcoba amiga,
La almohada limpia bajo nuestra frente.

      La planta en el camino polvoroso,
La idea fija en el hogar lejano,
Y un deseo creciente e imperioso
De la caricia fresca de tu mano.

autógrafo
Juana de Ibarbourou


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III. LA CLARA CISTERNA
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