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              LA SED

            Tu beso fue en mis labios
            de un dulzor refrescante.
Sensación de agua viva y moras negras
            me dio tu boca amante.

  Cansada me acosté sobre los pastos
con tu brazo tendido, por apoyo.
Y me cayó tu beso entre los labios,
como un fruto maduro de la selva
o un lavado guijarro del arroyo.

  Tengo sed otra vez, amado mío.
¡Dame tu beso fresco tal como una
            piedrezuela del río!

autógrafo
Juana de Ibarbourou


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