anterior autor siguiente

  ODA XXVII
  DE LAS CIENCIAS

Apliqueme a las ciencias,
Creyendo en sus verdades
Hallar fácil alivio
Para todos mis males.

¡Oh, qué engaño tan necio!
¡Oh, cuán caro me sale!
A mis versos me torno,
Y a mis juegos y bailes.

Por cierto que la vida
Tiene pocos afanes
Para darle otros nuevos,
Y añadirle pesares.

Aténgome a mi Baco,
Que es risueño y afable;
Pues los sabios, Dorila,
Ser felices no saben.

¿Qué me importa que fijo
Cual un bello diamante
Esté el sol en el cielo,
Como él nazca a alumbrarme?

La luna está poblada...
Más que tenga millares
De vivientes; pues que ellos
Ningún daño me hacen.

Quita allá las historias,
Que del Danubio al Ganges
Furioso sus banderas
El Macedón llevase.

¿Qué nos hará, Dorila?
Si por mucho que pasten
Sobra a nuestras corderas
La mitad de este valle.

Pues si no a la justicia...
Venga un sorbo al instante,
Que en nombrando esta Diosa
Me estremezco cobarde.

Los que estudian padecen
Mil molestias y achaques,
Desvelados y tristes,
Silenciosos y graves.

¿Y qué sacan? mil dudas;
Y de estas luego nacen
Otros nuevos desvelos,
Que otras dudas les traen.

Así pasan la vida,
¡Vida cierto envidiable!
En disputas y en odios,
Sin jamás concertarse.

Dame vino, zagala;
Que como él no me falte,
No hayas miedo que cesen
Mis alegres cantares.

autógrafo

Juan Meléndez Valdés


subir volver Odas Anacreónticas   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio