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    LETRILLA
    EL LUNARCITO

        La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


¿De dónde, donosa,
el lindo lunar
que sobre tu seno
se vino a posar?

¿Cómo, di, la nieve
lleva mancha tal?
      La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


¿Qué tienen las sombras
con la claridad,
ni un oscuro punto
con la alba canal

que un val de azucenas
hiende por mitad?
      La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


Premiando sus hojas,
el ciego rapaz
por juego un granate
fue entre ellas a echar;

mirolo y riose,
y dijo vivaz:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


En él sus saetas
se puso a probar,
mas nunca lo hallara
su punta fatal.

Y diz que picado,
se le oyó gritar:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Entonces su madre
la parda señal
por término puso
de gracia y beldad,

do clama el deseo
al verse estrellar:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Estréllase, y mira,
y torna a mirar,
mientra el pensamiento
mil vueltas le da,

iluso, perdido,
ansiando encontrar,
      la noche y el día
      ¿qué tienen de igual?


Cuando tú lo cubres
de un albo cendal,
por sus leves hilos
se pugna escapar.

¡Señuelo del gusto!
¡dulcísimo imán!
      La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?


Turgente tu seno
se ve palpitar,
y a su blando impulso
él viene y él va;

diciéndome mudo
con cada compás:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


Semeja una rosa
que en medio el cristal
de un limpio arroyuelo
meciéndose está,

clamando yo al verle
subir y bajar:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»


¡Mi bien!, si alcanzases
la llaga mortal
que tu lunarcito
me pudo causar,

no así preguntaras,
burlando mi mal:
      «La noche y el día,
      ¿qué tienen de igual?»

autógrafo

Juan Meléndez Valdés


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