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        A LAS FLORES DE HEIDELBERG

Id a mi patria, id, extranjeras flores,
sembradas del viajero en el camino,
y bajo su azul cielo,
que guarda mis amores,
contad del peregrino
la fe que alienta por su patrio suelo!
id y decid ... decid que cuando el alba
vuestro cáliz abrió por vez primera
cabe el Neckar helado,
le visteis silencioso a vuestro lado
pensando en su constante primavera.
Decid que cuando el alba,
que roba vuestro aroma,
cantos de amor jugando os susurraba,
el también murmuraba
cantos de amor en su natal idioma;
que cuando el sol la cumbre
del Koenigsthul en la mañana dora
y con su tibia lumbre
anima el valle, el bosque y la espesura,
saluda a ese sol aun en su aurora,
¡al que en su patria en el cenit fulgura!
y contad aquel día
cuando os cogía al borde del sendero,
entre ruinas del feudal castillo,
orilla al Neckar, o a la selva umbría.
Contad lo que os decía ,
cuando, con gran cuidado
entre las paginas de un libro usado
vuestras flexibles hojas oprimía.

¡Llevad, llevad, oh flores!
amor a mis amores
paz a mi país y a su fecunda tierra,
fe a sus hombres, virtud a sus mujeres,
salud a dulces seres
que el paternal, sagrado hogar encierra ...

Cuando al besar la playa,
el beso os imprimo
depositadlo en ala de la brisa,
por que con ella vaya
y bese cuanto adora, amo y estimo.

Mas ay llegaréis flores,
conservaréis quizás vuestras colores,
pero lejos del patrio, heroico suelo
a quien debéis la vida:
que aroma es alma, y no abandona el cielo,
cuya luz viera en su nacer, ni olvida.

autógrafo

José Rizal y Alonso


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