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        TARDECITA DE INVIERNO

El temporal amotina
todo el barrio. El temporal
canta en su enorme bocina
como un diptongo nasal,

mientras la gente camina
dando zancos. Un dedal
de cobre entre la neblina
finge la iglesia rural.

La población parpadea
porque un rayo culebrea
como roja cicatriz

que rubricara el Poniente,
o como si bruscamente
se arrancase una raíz.

autógrafo

Luis Carlos López


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