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        A ROSALBINA

¡Ay, Señor, y que frágiles nacimos!

Bien sabéis, adorable Rosalbina,
que ante vuestro mirar de ojos de gato,
me sentí como calle sin esquina,
bizco y sordo y maltrecho y turulato!

...¿Por qué sois para mi luciferina?...
¡Si ha mucho tiempo estoy que disparato
bajo el piramidon y la morfina
y del bromuro y del bicarbonato!

Tanta hiel guarda el fondo de copa,
que hasta en un corredor del "Club la Tapa",
vuestro marido viéndome patojo

y con ganas de hacer un disparate,
me preguntó solicito: —¿Que hay vate?
Y yo le dije irónico: —Un mal de ajo.

autógrafo

Luis Carlos López


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