anterior autor siguiente

        PATRIA OSCURA

A José Luis, Ángel, José, Enrique, Luis y Fernando, por su recuerdo1.

Hay una patria de esperanza y sombra
donde amanece el hombre cada día,
tierras aradas en silencio, campos
que en soledad siguen soñando vida.

Hay una patria donde el sol se pone
cada tarde dorándose en la misma
ladera, desatando iguales rosas,
igual sangre de ausencia y lejanía.

Hay una patria que alzan, que sostienen
graves manos cansadas, no abatidas,
esperanzadas manos silenciosas
que empuñan herramienta de esforzada sonrisa.

Patria de enmudecidos jornaleros,
de remotos passtores, de pacientes artistas,
que contra el tiempo clavan sus azadas,
conducen sus rebaños, en su taller ofician.

Callados metalúrgicos, mineros
que recorren ocultas galerías
donde entre lodo aguarda el metal vivo
el esfuerzo y la fe que lo rediman.

Hay una patria oscura, una hostil patria
a la que falta luz, como alegría
y pan al pobre faltan, como odio
y rencor sobran en la tierra ardida.

Me siento tierra de esa patria y sangre
me siento de su herida misma,
sequedad de su boca, piel quemada
por sus propias ortigas.

Esta pobre palabra responsable
siento de la verdad, de la mentira
de silenciar el rostro de esa patria,
de no cantar su dura geografía.

Oscuros ríos, rojos, negros ríos,
venas de lenta lluvia desprendida,
montes de lenta soledad cerrada
que el  hueco pecho azul del cielo frisan.

Profunda entraña forestal, cautivos
brazos de bosque, manos, voz cautivas,
sonora voz de viento entre los árboles,
voz arrastrada entre ásperas encinas.

Cautiva está mi voz también, mis manos,
ramas atadas en la sombra. Encima
de esta tierra tendido árbol de llanto,
madera de dolor y esperanza, tendida.

Esta pobre palabra, como a tientas,
es una mano hacia la luz; ceniza
quiere apartar hacia la lumbre; humana
esperanza de amor la justifica.

La palabra no puede ya elevarse
ignorando que nace entre saliva,
como el viento no canta sin decirnos
la queja de las ramas que mutila.

Una espuma florece en la palabra,
una mojada rosa en carne viva,
una ola diminuta por la sangre
que en esta patria oscura tiene orilla.

autógrafo

Leopoldo de Luis


1 Todos los nombres corresponden a internos del penal de Burgos, condenados por actividades contra el régimen de la dictadura: José Gallego, Ángel Poyatos, José Montero, Enrique Gómez, Luis Quesada y Fernando Macarro (más conocido como Marcos Ana)


subir volver Teatro real (1957)   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio