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        LOS QUE PASAN

A Jorge Campos

No pasa nada. Sólo nosotros sí pasamos.
Nos vamos alejando en un tren sin agujas
que no cambia su marcha ciegamente prevista.
¿Qué son esos paisajes que no hemos visto nunca?

La tierra cambió un poco su faz por nuestras manos.
Para que las oyésemos sonaron otras músicas.
Los que iban a hacer otro mundo fuimos nosotros.
Ni siquiera con gloria la torre hoy se derrumba.

Dices: «Hacemos tiempo»; pero es él quien nos hace.
«Estoy matando el tiempo» pero él nos ejecuta.
«Cómo se pasa el tiempo»; pero somos nosotros
los que pasamos bajo su inevitable lluvia.

Mojados por el tiempo hasta los huesos
del alma, es imposible ya la espuma
de aquel verano, su corola ardiente,
el corazón solar de su aventura.

Eso que hemos tenido en nuestras manos,
eso que defendimos con qué lucha,
sentimos de repente que otras manos lo agitan
y que la realidad toman por suya.

Veníamos de tierras en donde todo pudo
granar otras cosechas, y de ferias oscuras
donde con nuestras solas monedas juveniles
pagamos otras deudas y otras culpas.

Volvimos a la casa. Por las habitaciones
cundía espesamente una sombra nocturna.
Habíamos tenido la luz en nuestras manos.
Alguien tras de nosotros nos hacía preguntas.

Mas nuestro tren recorre estaciones de olvido.
Alguien hace que nuevas luminarias reluzcan.
Somos los mismos pero la soledad nos cerca.
—Estuvimos un día... Ya nadie nos pregunta.

autógrafo

Leopoldo de Luis


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