Canto en lenguaje y verso antiguo al príncipe de la Paz

A vos el apuesto complido garzón
asmándovos grato la péñola mía,
vos faz omildosa la su cortesía
con metros polidos vulgares en son;
ca non era suyo latino sermón
trobar, e con ese decirvos loores
calonges e prestes, que son sabidores,
la parla vos fablen de Tulio y Marón.

Por ende, si tanto la suerte me da,
maguer que vos diga roman paladino,
fiducia me viene que lueñe e vecino
la gen acuciosa mi carta verá:
e vuesas faciendas que luego dirá
gravedosa estoria por modo sotil,
serán de Castilla mil eras e mil
membranza placiente que non finirá.

E tanto merece falagos e amor
aquel que alegroso nos dio bienandanza,
e al común conorte la mucha amistanza
ovo de Don Carlos, el nueso señor.
Sepades, le dijo, buen alcanzador
que en todo el mi regno vos fago imperante
a tal que del sceptro dorado, pesante,
la grave fadiga semege menor.

Catad que mis fijos demandan de mí
de ser aducidos en sancta equidad:
a non acuitallos las mientes parad:
en algos abonden e pan otrosí;
e cuando mis tierras (que tal non creí)
mesnadas de allende osaren correr,
faced a los amos punar e vencer,
ca siempre ganosos de liza los vi.

E ved non fallezcan a tal ocasión
lorigas, paveses, e todo lo al,
e mucho trotero ardido e leal
de los más preciados que en Córdoba son,
e fustas, con luengo ferrado espolón,
guarnidas de tiros que lancen pelotas:
non cuide aviltarnos, mandando sus flotas
al nueso lindero, la escora Albión.

E guay, non aduzga mintrosa la paz
al valor nativo dañinos placeres,
nin seyan sofridos los vanos saberes
que al mundo mancillas le dieron asaz
allí do pregonan olganza e solaz,
allí rudo vulgo e sandio declina,
divaga sañoso, virtud abomina;
que tanto en él vale locuela sagaz.

Empero non yaga de error circuido;
la sciencia le amuestre su puro claror,
non cure atristado ventura mayor,
en buen regimiento guardado e punido:
ansi el caballero ruando lucido,
acucia o detiene la alfana que monta,
e parte, al agudo estímulo pronta,
o párase dócil el freno sentido.

A tal platicaba la su señoría,
e cedo el magnate respuso a Don Rey:
non fuera nascido de alcuña de ley
se al vueso talante non obedescia.
Solene omenaje falto e pleitesía,
(e dijol tomando la cruz del espada)
que finque la vuesa merced acatada,
e España recabde su prez e valía.

De entonce colmalla de bienes cuidó:
la paz se posara a su lado yocunda,
la cuita fenesce, de frutos abunda
el suelo que en sangre la guerra alagó,
la su dulcedumbre temores quitó
del home entorpido que yaz en tristura,
e quisto de buenos la su derechura
le fiz, é al mico sañoso aterró.

E vímosle a guisa de diestro adalid,
faciendo reseña la hueste real,
mandar sus hileras, e a son de atabal
poner a los ojos la marcha e la lid:
ansi de los muros miró de Madrid
la plebe agarena venir a cercalla,
desnuda tizona, en tren de batalla,
al bravo cabdillo que digeron Cid.

¡Oh, fuérale dado seguir el pendón
que bordan castillos, cruces e leones,
romper azañoso por los escuadrones
bárbaros, de sangre teñido el trotón!
Tímidos fuyeran jinete e peón,
en llama apurando sus tiendas caídas
e a la funérea matanza e feridas,
cuidaran que fuese Jacobo el patrón.

Devélalo empero la pro comunal,
e del alto alcázar do tiene su silla.
Segundo en potencia le acata Castilla;
sotil palaciano, sirviente leal:
largosa, por ende, la mano real
quisiera abastalle de dones subidos;
cual nunca de alguno non fueron habidos,
siquier home bueno, siquier principal.

E ved de cual arte ser quito pensó
el rey, que sesudo catara sus fechos:
ayúntale dende con nudos estrechos
al mesmo avolorio de donde nasció;
e luego e si voceros mandó
que cedo a la rica Toledo se vayan,
e aquesa manceba garrida le trayan,
fija del Infante que Dios perdonó.

La flor de lindeza, donaire e mesura,
en ella se adunan, la bien paresciente:
de rojos corales su boca riente,
sobrando a la nieve su tez en albura,
la luz de sus ojos espléndida e pura,
la voz falagosa, gentil su ademán;
Florinda, la causa del nueso desmán,
non ovo tal gesto, nin tal apostura.

¡Oh!, vivan entrarnos en plácida unión,
no nunca empescida de fado siniestro,
seyendo en el silo criminoso nuestro
de virtud ecelsa dechado e blasón
la fama, do quiera, con alto pregón,
su prole ventura perínclita cante,
e aquisten ilustre memoria durante
su nome, sus fechos, su clara nación.

Leandro Fernández de Moratín


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