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        ODA
      LOS DÍAS

¡No es completa desgracia,
que por ser hoy mis días,
he de verme sitiado
de incómodas visitas!

Cierra la puerta, mozo,
que sube la vecina,
su cuñada y sus yernos
por la escalera arriba.

Pero, ¡que!... No la cierres,
si es menester abrirla:
si ya vienen chillando
Doña Tecla y sus hijas.

El coche que ha parado,
según lo que rechina,
es el de Don Venancio,
¡Famoso petardista!

¡Oh! Ya está aquí Don Lucas
haciendo cortesías,
y Don Mauro el abate,
opositor a mitras.

Don Genaro, Don Zoylo,
y Doña Basilisa;
con una lechigada
de niños y de niñas.

¡Qué necios cumplimientos!
¡Qué frases repetidas!
Al monte de Torozos
me fuera por no oírlas.

Ya todos se preparan
(y no bastan las sillas)
a engullirme bizcochos,
y dulces y bebidas.

Llénanse de mujeres
comedor y cocina,
y de los molinillos
no cesa la armonía.

Ellas haciendo dengues,
allí y aquí pellizcan;
todo lo gulusmean,
y todo las fastidia.

Ellos, los hombronazos,
piden a toda prisa
del rancio de Canarias,
de Jerez y Montilla.

Una, dos, tres botellas,
cinco, nueve se chiflan.
¿Pues, señor, hay paciencia
para tal picardía?

¿Es esto ser amigos?
¿Así el amor se explica?
Dejando mi despensa
asolada y vacía.

Y en tanto los chiquillos,
canalla descreída,
me aturden con sus golpes,
llantos y chilladiza.

El uno acosa al gato
debajo de las sillas:
el otro se echa acuestas
un cangilón de almíbar.

Y al otro, que jugaba
detrás de las cortinas,
un ojo y las narices
le aplastó la varilla.

Ya mi bastón les sirve
de caballito, y brincan
mi peluca y mis guantes
al pozo me los tiran.

Mis libros no parecen:
que todos me los pillan,
y al patio se los llevan
para hacer torrecitas.

¡Demonios! Yo que paso
la solitaria vida,
en virginal ayuno
abstinente heremita.

Yo, que del matrimonio
renuncié las delicias,
por no verme comido
de tales sabandijas:

¿He de sufrir ahora
esta algazara y trisca?
Vamos, que mi paciencia
no ha de ser infinita.

Váyanse enhoramala:
salgan todos aprisa
recojan abanicos,
sombreros y basquiñas.

Gracias por el obsequio
y la cordial visita,
gracias; pero no vuelvan
jamás a repetirla.

Y pues ya merendaron,
que es a lo que venían,
si quieren baile, vayan
al soto de la villa.



Leandro Fernández de Moratín


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Manuscrito 12.963-34 BNE
inglés Translation by Thomas Walsh