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        A SOLAS

A Ignacio Ojeda Verduzco

Yo soy muy pobre, pero un tesoro
Guardo en el fondo de mi baúl:
Una cajita color de oro
Que ata un brillante listón azul.
La abro ¿qué tiene?... Hojas de rosas,
Secas reliquias de un viejo amor,
Alas sin polvo, de mariposas,
Mirtos, gardenias y tuberosas;
¡Muchos recuerdos en cada flor!

El amuleto que ató a mi cuello
Mi santa madre cuando marché;
El blondo rizo de aquel cabello
Que tantas veces acaricié.
¡Cómo me alegra la fecha escrita
En esta opaca cruz de marfil!
¡Ah, virgen mía, mi virgencita,
Aquí conservo la margarita
Que deshojaste pensando en mí!

¡Cuántos recuerdos de lo pasado!
¡Cuántas escenas miro volver!
Me siento joven y enamorado,
Feliz y bueno como era ayer.
¡Veo mis bosques y mis colinas,
Mi triste pueblo, mi pobre hogar,
Y hasta el enjambre de golondrinas
Que hizo sus nidos en las ruinas
De la parroquia de mi lugar!

Si alguna oculta pena me agobia
Leo las cartas que guardo allí;
Las de mi madre, las de mi novia;
Dos almas buenas que ya perdí.
Sus torpes lazos mi fe desata,
Y entonces oigo —¡dulce ilusión!—
Cantos de ángel, música grata,
Suaves preludios de serenata,
¡Ruido de alas en mi balcón!

Mientras su duro rigor no ablande
La suerte impía, negra y fatal,
Yo no conozco dicha más grande
Que la que siento con recordar.
Ser consolado: ¡qué gran anhelo!
Entre tinieblas soñar con luz,
Pisar abrojos y ver el cielo,
¡Sentir dolores y hallar consuelo
En las memorias de la juventud!

Están ya secas las tuberosas
Como está seco mi corazón,
Y desteñidas las mariposas
Como las alas de la ilusión.
Y sin embargo, sonrío y lloro
Si miro el fondo de mi baúl,
Y allí contemplo mi gran tesoro:
Una cajita color de oro
Que ata un brillante listón azul.

autógrafo

Luis G. Urbina


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