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      A MIS CRETINOS

Che cotesta cortese opinione
Ti fia chiavata in mezzo della testa.

DANTE. Purgatorio, VIII

                  I

Señores míos, sea
La luna perentoria,
De esta dedicatoria
Timbre, blasón y oblea.

De ella toma, en efecto,
Con exclusivo modo,
Tema, sanción y todo
Mi lírico proyecto.

A ella da en obra pingüe
Poéticos tributos.
Por sus dobles cañutos
Mi zampoña bilingüe.

Hada fiel que mi dicha
Con sus hechizos forja,
Es moneda en mi alforja
Y en mi ruleta es ficha.

Astronómica dama,
O íntima planchadora
Que en milagro a deshora
Plancha en blanco mi cama.

Oca entre sus pichones,
Con las estrellas; joya
Del azar; claraboya
De mis puras visiones.

En mi senda rehacía,
Filosofal borrica;
O bien pilula mica
Panis
de mi farmacia.

                  II

Dando en tropo más justo
Mi poético exceso,
Naturalmente es queso
Para vuestro buen gusto.

Como deidad ovípara.
Por manjar dulce y nuevo,
Su luminoso huevo
Nos dará en cena opípara.

Echaos a comerla,
Y así mi estro os consagre;
O bebedla en vinagre
Cual Cleopatra a su perla.

Mas con mueca importuna
No desdeñéis el plato,
Porque mi estro y mi gato
Tienen muy mala luna.

Si lo hacéis, por remedio
De tan tosca dispepsia,
Os pongo en catalepsia
Durante siglo y medio.

Vuestra paz escultórica.
Dará, en rasgo específico.
Un silencio magnífico
De academia y retórica.

Y la luna en enaguas.
Como propicia háyade
Me besará, cuando haya de
Abrevarme en sus aguas.

                  III

¿Qué tal? ¿La hipermetría
Precedente os sulfura ?
Os la doy limpia y pura.
Pulverizadla. Es mía...

Yo lo aprendí en el Dante,
Abuelo arduo y conciso,
Por cuyo Paraíso
Jamás pasó un pedante.

Sé que vuestro exorcismo
Me imputará por culpa,
Algo que vuestra pulpa
Define en sinapismo.

Me probaréis que, esclavo
De mi propia cuarteta.
No fui ni soy poeta,
Ni lo seré. ¡Bien! ¡Bravo!

Inventando un proverbio
Sutil, en bello cuadro.
Demostraréis que ladro
A la luna. ¡Soberbio!

Para que no me mime
La gente que me odia.
Haréis de mi prosodia
Mi Calvario. ¡Sublime!

Mas, en verdad os digo.
Que, líricos doctores,
Están los ruiseñores
Con la luna y conmigo.

                  IV

Para la controversia
Que me ofertáis, adversos
Os tenderé mis versos
Como un tapiz de Persia.

Pero sabed que tildo
Con alegre modestia,
De vero mala bestia
Vuestro grave cabildo.

(Con vuestro beneplácito,
Bien que no sea el uso.
Me decido a este abuso
De latín y de Tácito.)

No obstante, mi estro arbitra
Que la luna descienda
A vuestra reverenda
Virtud, como una mitra.

Y ante el solemne rubro
Que vuestra Nada oculta,
Entre la turbamulta
Me inclino y me descubro.

Si a mi débil arcilla,
Vuestra sacra instituta,
Impone la cicuta
Docente, de Hermosilla;

Con arroz y con apio,
(Más próvidos que el griego)
Cazuela haremos luego
Del gallo de Esculapio.

                  V

Largamente vibradas
Por sus rayos de estrellas.
Cantan mis noches bellas
Como liras sagradas.

Pero trae el encanto
Lunar que las dilata,
Un silencio de plata
Más lírico que el canto.

Y en mi triste persona.
Palpita, grave y tierno,
El himno del eterno
Ruiseñor de Verona.

Él tiene en su riqueza
De musical estuche,
Lleno de luna el buche
Como yo la cabeza.

Así, en astral fortuna,
Por mayor regocijo,
Para mi pena elijo
Como celda, la luna.

Allá, en vida rechoncha
Y a vuestros dogmas sordo.
Lo pasaré cual gordo
Caracol en su concha.

Y agriando los reproches
De vuestro real concilio,
Os doy por domicilio
La luna.
            BUENAS NOCHES

autógrafo

Leopoldo Lugones


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