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        ODA AL AMOR

Implacable ansiedad de querer tanto,
Fatal delicia de seguir queriendo;
Amor terrible con tu mismo encanto.

Porque es así que sin pavor ni estruendo,
Viene y nos clava el peligroso infante,
Tras la gota de miel, dardo tremendo.

Oh fiero menester el del amante,
Ya que sólo mordiéndose a sí mismo
Se desbasta el amor como el diamante.

Y luego aquel extraño fatalismo
Compuesto al par de duda y esperanza,
Cual la noche es estrella y es abismo.

En aquella incurable destemplanza,
Tuércese el vino de la fe, y es trueco
De piedra dura. el pan de la confianza.

Y te vuelves, lector, el mozo enteco
De la tertulia, el infelice avaro
Del guante impar o del ramito seco;

Mientras ella, con roslro ingenuo y claro,
Hace la niña boca cuya cinta
Blasona idilios en pueril descaro;

O con premioso afán mancha de tinta
Sus labios, al ponerte en la postdata
Una cruz breve y lo que así te pinta.

Ah, por cierto, el amor no es cosa grata;
Antes ridiculiza e importuna,
Y exprime en llanto cruel lo que no mata.

Pero también, por singular fortuna,
Te comunicará en noche bendita
el dulce bien de descubrir la luna.

Y el poético ingenio de la cita,
Y la sublime ciencia del destino
En el librito de la margarita.

Y para hacer más fácil tu camino,
Flauta sentimental te dará el viento,
Cuerda clara el arroyo cristalino.

Al sol primaveral de tu contento,
Verás bueno el vivir; toda vileza
Será injusta a tu claro entendimiento.

Y te revelará en genial certeza,
Su ley de bienandanza y de mesura
La generosidad de la belleza.

Así acendrada la verdad segura,
Tus potencias exalta y perfecciona
Con fiera desnudez de llama pura.

Nueva filosofía en ti razona,
Cuál fue la dulce intriga de Galeoto,
Y cómo el ruiseñor canta en Verona.

En la paz del crepúsculo remoto,
Tu corazón, como las azucenas,
Toma un noble interés de vaso roto.

Descubres en la vid de tus faenas,
Como cuando en un cuento hay dos hermanas,
Que las uvas son rubias y morenas.

Perlas de amor te lloran las fontanas,
Y qué cosa más fácil que una estrella
Cuando están junto al cielo las ventanas.

Si con tal plenitud tu vida es bella,
Es porque ella está en todo lo que amas,
Y porque todo se embellece en ella.

En el grave murmullo de las ramas
Se inquietan tus suspiros. Los rosales
Parece que se atizan con tus llamas.

En tu embriaguez de lánguidos panales,
De tu ósculo profundo haciendo copa,
Se embeben las palomas conyugales.

Con sus deseos por piafante tropa,
De toda rienda el corazón se libra,
Y el gozo audaz del potro en él galopa.

El valor del león templa tu fibra
Como un vino mordaz, y un hondo anhelo
De alas que cubren en tus flancos vibra.

Con el vigor del árbol paralelo
Que en la luz y en el polvo profundiza,
La savia terrenal te eleva al cielo.

Así entrega tu ser leña maciza
Al fuego juvenil, y a la edad yerta
Suave aroma en la flor de tu ceniza.

Y al fraternal dolor siempre despierta,
En la fiel simpatía de tu llanto
Su sal y su agua la piedad oferta.

Alza conmigo tu sincero canto,
Y él te arrobe en perpetua melodía,
Porque fuiste capaz de querer tanto
Y de seguir queriendo todavía.

autógrafo

Leopoldo Lugones


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