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        LA JOVEN ESPOSA

¡Oh la dicha de haber estado grave,
Y de sentir con tu presencia
La beatitud de la convalecencia
En una madurez pesada y suave!
Y bajo una paz lejana
Ver afanarse con seriedad sencilla,
Tu diligente juventud de hermana
Menor, al son de la cucharilla
Que está entibiando una tisana.

¡Oh, afable prescripción, oh suave cautela!
La vela temblorosa riza su bucle rubio.
En la sala obscura y distante, un efluvio
De polen solar finge su angelical estela.

¡Oh, bondad evidente de todo lo que existe!
Y tu frescura de aseada muselina
Que me llega al corazón y me ilumina
Con una piadosa ternura casi triste.

Silencio presuroso de tu atareado ruedo...
Gracia tuya que agosta mis bárbaros abrojos...
Y mientras la sortija juega en tu lacio dedo.
¡Oh, aquellas largas horas que me paso muy quedo
En la soledad de tus dulces ojos!...

Hay afuera un rumor de lluvia blanda.
Y el reloj con su ruidecito
De carcoma del tiempo, anda y anda
Por la arena inacabable del infinito.

Oh, con qué plácida belleza
Dulcifican entonces mi contemplación
La serenidad de tu corazón
En una benéfica quietud de pureza;
Y tu adorada cabeza
De palidez ennoblecida;
Y bajo un pimpollo en tímido brote,
El pequeño escote
Ligeramente palpitado de suave vida...

autógrafo

Leopoldo Lugones


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