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        POR LA RÚSTICA SENDA...

Por la rústica senda de los cercos, que aclara
Tu juvenil batista, con tu mimosa cara
Bajo la flor inversa del sombrero Charlotte,
Y en la falda asaz fútil, tu pierna de palote
Que aun comenta la insípida delgadez colegiala;
Al hombro la sombrilla sonora como el ala
Con que, pupúreo gallo, te hiciese al sol la rueda,
Vibras al sordo fuego de la palabra queda
Con que te pongo grave, y en recóndito anhelo,
La sombra de tus nobles ojos aterciopelo.

Abril con su rojiza cabellera Tiziano,
Como sensible paje que palidece en vano,
Túrbase con un suave delirio de poeta,
Y pone en tu abanico la tarde violeta.
La tarde que aún demora, cual nunca femenina,
De codos en la hierba, detrás de la colina.

Cuando alguna aspereza de la escabrosa calle,
Me obliga —oh cuantas veces— a abandonar tu talle,
Tu gárrulo volado susurra más ligero,
Y bajo un polvoroso rayo del sol rastrero,
Espoléanlo de oro tus altos escarpines.
En tu paso deshójanse ilusorios jazmines.
Y mi amor va buscando como tenaz abeja,
La guinda ruborosa que inflamara en tu oreja.

De la sierra Iejana llega un trino remoto.
Una pureza angélica extasía el monótono
Azul, clarificado de luz amortecida.
Y fácilmente vemos lo bella que es la vida.
Así purificados por la emoción aquella,
Aguardamos la hora de contemplar tu estrella.
Y tardías palomas nos entreabren pañuelos,
Tendidos a las radas pálidas de los cielos.

autógrafo

Leopoldo Lugones


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