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        LAS CIGARRAS

                    I

Con la aurora estival rompe su coro.
La seda azul del sueño hacen harnero.
Cascabeles del sol cuyo pandero
Las despilfarra en cáscaras de oro.

Asolando las mentas y las malvas,
El creciente calor flagra su dardo,
Y cada una, así herida, es un petardo
Con que gasta el amor pólvora en salvas.

Bajo la paz del campo que se dora
Como el pan, al rescoldo de la siesta,
Parece que el estío en ellas tuesta
Sus gárrulas castañas a deshora.

Dando al clásico ripio el «vano alarde»
De habernos aturdido todo el día,
En su ya fatigado son chirría
La lejana carreta de la tarde.

Cuando en quietud de especular laguna
El plenilunio cálido alucina,
Entorchan su bordón de plata fina
Para el laúd ebúrneo de la luna.

Y todavía, en obstinado roce,
La más ronca y urgente del enjambre,
Finge con su timbal cascado alambre
De péndola que está por dar las doce.

autógrafo

Leopoldo Lugones


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