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        HORAS CAMPESTRES
          MADRUGADA

La noche, sobre un leve cielo malva,
Desmayose hondamente en lo infinito.
El lucero agravó, grande y marchito,
El desamparo atónito del alba.

Tocó una hez ligeramente acerba
La frialdad delpcampo mal despierto.
Un vientecillo todavía yerto,
Sopló yescas de sombra entre la hierba.

Un pájaro pió... calló... Y por largo
Tiempo, volvió a reinar la muda calma.
La estrella sola parecía un alma.
Corría un grave aliento de letargo.

Silencio aún... Mas ya, de lo profundo,
Alzó la noche, entre ilusorios tules,
Vagos espectros lánguidos y azules
En cuya imagen renacía el mundo.

Retempló un gallo su clarín de ataque.
Exhaló el campo un soplo de ventura.
Y pareció flotar en la frescura
Una leve ceniza de estoraque.

autógrafo

Leopoldo Lugones


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