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    EL POEMA DE ROBOT

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A Robot entregaron mi puericia,
y en esa hora sollozó un arcángel
y se rió un demonio»
Yo lo ignoraba entonces, como es justo,
pues en la gloria de Robot no hay ángeles
ni demonologías en su infierno, sino la exaltación o la tristeza
del átomo de hidrógeno.
Se daba por sentado que yo era el Gran Vacío
y era Robot la Grande Plenitud.
De modo tal que abriendo la espita de Robot:,
llenaba mi vacío con la ciencia más pura,
según la ley alentadora
de los vasos comunicantes.
Los verdores del alma, sus trascendentes plumas
y toda irradiación que no registren
los contadores Geiger
eran para Robot y sus profetas
o un abolido ensueño de calvas teologales
o las divagaciones del mono progresista
con que soñaba Darwin midiendo calaveras.
Y así la Didascalia se dormía feliz
en su ostentosa cama de bronce y palosanto.

autógrafo

Leopoldo Marechal


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