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    VI. DE LA ADOLESCENTE

Entre mujeres alta ya, la niña
    quiere llamarse Viento.
Y el mundo es una rama que se dobla
  casi junto a sus manos,
    y la niña quisiera
    tener filos de viento.

    Pero no es hora, y ríe
    ya entre mujeres alta:
sus dedos no soltaron todavía
    el nudo de la guerra
ni su palabra inauguró en las vivas
regiones de dolor, campos de gozo.
    Su boca está cerrada
    junto a las grandes aguas.

    Y dicen los varones:
«Elogios impacientes la maduran:
    cuando se llame Viento
    nos tocará su mano
    repleta de castigos.»

Y las mujeres dicen:
    «Nadie quebró su risa:
maneras de rayar le enseñaron los días.»

La niña entre alabanzas amanece:
    cantado es su verdor,
    increíble su muerte.

autógrafo

Leopoldo Marechal


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