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          A CARMEN...

  Si por hermosa y discreta
Ya el derecho no gozaras
De que consagre a tus aras
Su pluma y su alma un poeta;
  Y si a fuer de caballero
No te debiese esta ofrenda
Por ser dama y por ser prenda
De amigo a quien tanto quiero,
  Carmen, de tu nombre solo
Yo cedería al prestigio,
Aunque arrostrase un litigio
Con las hermanas de Apolo.
  Carmen, carminis,  el verso:
Así, dice el Calepino;
Así lo llamó el latino
Vencedor del universo;
    Y de esta etimología
Es prueba, oh Carmen, muy clara
Esa tu divina cara
Tan llena de poesía.
  Al pie de Sierra-nevada
Alza su galana frente
La perla del Occidente,
La voluptuosa Granada.
  Y aunque a más de un alarife
Dado a morisca cultura
Sorprenda la arquitectura
De Alhambra  y Generalife;
  Y alto renombre demande
Desde Cádiz a Tampico
Por la ruina de un Rey Chico
Y el prez de una Reina grande,
  Su mayor gloria se funda,
Pese al Triunfo  y Zacatín,
En el plácido jardín
De aquella vega fecunda.
  Ahora bien, lo más ameno
(Para volver a mi asunto)
De aquel risueño trasunto
Del Paraíso terreno,
  En vergeles mil y mil
El agrícola divide
Donde perene reside
Toda la gala de Abril;
  Y en cada vergel de aquellos
Tu gracia se simboliza,
Y tu nombre  los bautiza
Para lauro tuyo y de ellos.
  ¡Oh venturoso pensil
Donde amor unce a su carro
En los  cármenes del Darro,
Las  Cármenes del Genil!
  Y siendo tantos los nombres
Con que adoramos a aquella
Que parió siendo doncella
Al Redentor de los hombres,
  En preces con que desarmen
Los católicos al diablo
El más frecuente vocablo
Con que la invocan es Carmen.
  No hay ya templo que no ocupe
Con su imagen celestial;
Ya Atocha, ya Tremedal,
Ya Pilar, ya Guadalupe;
    Mas siempre entre visigodos
Que no han perdido la fe,
El nombre de Carmen fue
El más popular de todos.
  Virgen del Pez, de la O,
Todo es uno, no lo ignoro,
Domus áurea (casa de oro)
Y Rosa de Jericó;
  Mas si le rompen la crisma
A un prójimo; o suelta un taco,
O exclama en tono elegiaco:
¡Virgen del Carmen Santisma!
  Y en prueba de que este título
Merece iguales loores
A justos y pecadores,
Diré, por postrer capítulo,
  Que apenas hay bajo el cielo
Bandido patibulario
Que no lleve escapulario
De la Virgen del Carmelo.

autógrafo

Manuel Bretón de los Herreros


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