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          A MORATÍN

  Salud, ínclito Leandro,
Tú que en más de una victoria
Eclipsaste la memoria
De Terencio y de Menandro:
  Tú que, como en claro espejo,
Mostraste en discreto drama
Cuán absurda es la amalgama
De una niña con un viejo;
  Que, mientras del mar en pos
Corran las aguas del Ebro,
Sonará mal un requiebro
Con obligado de tos:
  Tú que del soñado solio
A una sandia derribaste,
Puesta en difícil contraste
Con un pillastre de a folio:
  Tú que donoso retratas
Los contornos y perfiles
De los hidalgos cerriles
Y las mozas mojigatas:
  Tú que los patrios telones
Librando del férreo yugo,
Fuiste implacable verdugo
De poetastros ramplones;
  Y a la pública vindicta
Denunciaste como sabio,
El Sí que deshonra al labio
Cuando el alma no lo dicta.
  ¡Oh si tornases ahora
Pulsando tu acorde lira
A la patria que te admira,
Y a la escena que te llora!
  ¡Cuán otro el mundo hallarías
Que dejaste! ¡Virgen santa!
¡Cuánta peripecia, cuánta
De aquellos a nuestros días!
  No ya en su jovial hechizo,
No ya en su gracia venusta,
Núbil zagala se asusta
De la tos y el romadizo,
  Si en coche y circo y bureo,
Al margen de un sustituto,
Muestra dorada por Pluto
La cadena de Himeneo;
  Que, aunque sin altar ni coro,
Ni monaguillo que estorbe,
Hoy como nunca en el orbe
Se adora al Becerro de oro;
  Y al oír tantos cencerros,
Es opinión general,
Que mientras haya metal
No nos faltarán becerros.
  A pocas conozco yo,
De genio tan dulce y manso,
Que hablen por boca de ganso,
Cuando dicen sí o no.
  Y no es que alguna no mienta
Si le aprovecha el engaño;
Pero la que miente hogaño
Miente de su riesgo y cuenta.
  ¿Cuál de ellas mejor será;
La moza que se emancipa,
O la que no habla ni jipa
Sin licencia de mamá?
  No lo sé: si nacen bellas
Amarlas a todas juro;
Mas lo cierto y lo seguro
Es que éstas no son aquéllas.
  Pero la tímida corza
Que cifraba su fortuna
En un acerico y una
Santa Gertrudis de alcorza;
  Y esotra que un rigodón
Prefiere a una letanía,
Y un buen chal a sor María
De la transverberación;
  La antigua como la nueva
Suspiran por un galán:
Todas son hijas de Adán;
Todos somos hijos de Eva.
  Si crecida fue la suma
De los vicios que en Iberia
Dieron tan amplia materia
A tu bien tajada pluma,
  No es hoy sucinto el catálogo
De seres empedernidos
Que infringen los consabidos
Mandamientos del Decálogo.
  Mala fue la hipocresía
Con su ayuno y su trisagio;
Mas, ¡ay! peor es el agio,
Peor es la homeopatía.
  Malo era que echasen tacos
Por comediones mestizos
Polacos contra chorizos,
Chorizos contra polacos.
  Mas ¿quién hallará guarismo
Para contar las facciones
Que a la Patria hacen girones
En nombre del patriotismo?
  ¡Oh! Rompe la dura losa
Donde inanimado y frío,
¡Ay! cabe extranjero río
Tu cuerpo, INARCO, reposa.
  Vuelve, que a mi parvedad
No es dado seguir tu huella:
Ni ¿quién te imita en aquella
Difícil facilidad?
  Sí, vicios hay en que ejerzas
Tu sazonada censura;
Vicios de tal estatura,
Que piden todas tus fuerzas.
  ¡Qué estragos! ¡Qué cataclismos!...
Mas no se ha variado todo.
Pecamos ya de otro modo,
Mas los pecados... ¡los mismos!
  Puedo nombrarte en el acto
Un solemne trapalón
Que, aunque parece barón,
Es el de Illescas, exacto.
  Y hallarás si te conviene
Más de un Bartolo Esculapio,
Y aun vive aquel don Serapio,
Y aun no ha muerto doña Irene.
  Mas si hiciera el parangón
De unos y otros pecadores,
Hasta el viernes de Dolores
Duraría esta función.
  Baste para tu gobierno
Saber que, francos de porte,
Hay genios en esta Corte
Para poblar el infierno;
  Que si quisieres pedantes,
Sin buscarlos como Diógenes,
No te faltarán Hermógenes
Tan necios como los de antes;
  Y aunque hay algunas estrellas
Que dan luz y honra a la plaza,
Aún pulula aquí la raza
De Zavalas y Comellas.

autógrafo

Manuel Bretón de los Herreros


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