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      EL GENIO LOS GENIOS

  ¡Ay de ti, Madrid, decía
San Vicente el de Ferrer,
Cuando todo seas tiendas
En tu confuso babel!
  Si ya se ha cumplido o no
Su profecía, no sé,
Pero el Santo fue sin duda
Más santo que mercader.
  Yo, ni mercader ni santo,
No merezco tanta fe
Y mi lengua no presagia
Lo que mis ojos no ven,
  Porque pájaro agorero
Nunca me ha gustado ser,
Y antes que gemir un pésame
Regodeo un parabién.
  ¡¡¡Sí, que faltan Jeremías
Que destemplando el rabel
Clamen en prosa y en verso:
Ay de ti, Jerusalén!!!
  Llevando, pues, la contraria,
¡Oh tres veces y otras tres
Beato Madrid, exclamo,
Y otras veinte y otras cien!
  ¡Dichoso pueblo, que encierra
Del Barquillo al Avapiés
Tantos genios creadores
Como hay vecinos en él!
  En el siglo de Cervantes
Floja la cosecha fue.
¡Al fin siglo de tinieblas!
¿Qué había de suceder?
  Pero el siglo en que vivimos...,
¡Friolera! Ya se ve,
¡Si es el siglo de las luces,
Y la propaganda, y... ¡Pues!
  Cuenta la historia que entonces
(Rutinas del tiempo aquel)
No osaba nadie escribir
Si no sabía leer,
  Y decían a sus hijos
Los padres (¡otra sandez!)
Aprende si ha de enseñar;
Trabaja si has de comer.
  Hoy para ser grandes genios
Y varones de honra y prez
No es fuerza que lo seamos;
Basta con quererlo ser.
  ¿A qué estudiar nuestro idioma
Si a gatas en la niñez
Lo aprendemos? ¿No es mejor
Un poquito de francés?
  ¡Y echen guindas al que sabe
Dónde se vende el papel
Y dónde está la copiosa
Librería de Denné;
  Y al pie de la letra puede
Traducir en solo un mes
A Balzac, y a Jorge Sand,
¡Y a Federico Soulié!
  Y más si sabe un tantico
De taquigrafía, ¿eh?
Menos corre que su mano
La góndola de Aranjuez.
  Al pie de la letra dije,
Aunque resulte un pastel
Que ni se lea en París
Ni se comprenda en Jerez;
  Que aquella frase famosa
Que articuló cierto rey,
La de No más Pirineos,
Así se debe entender.
  Mas si descubre agudeza
Para rimar ten  con ten,
Y sabe formar en masa
Sílabas de diez en diez;
  Si gimiendo en pie quebrado,
Aunque no tenga por qué,
Dice: mi misión  es ésta,
Que me la dio no sé quién,
  Cátele usted dispensado
De Dios, de patria y de ley;
Cátele usted archigenio
Por siempre jamás amén.
  Y mil genios brotan hoy
Por cada genio  de ayer;
Que en Madrid son tan fecundos
Como en su campo la mies.
  El uno es genio  varón,
El otro es genio  mujer,
Y presumo que los hay
Hermafroditas  también;
  Porque esa especie de tifus,
Con permiso de Broussais,
No hay edad, sexo ni clase
Donde no tenga cuartel.
  Si quieres que algunas señas,
Lector amable, te dé
Por donde el genio y los genios
Sea fácil conocer;
  (Y te advertiré de paso,
Por si aún no lo sabes bien,
Que ser genio y tener genio
Todo es uno, aquí y en Brest;
  Porque bien puede un vocablo
Ser cosa y hombre a la vez;
Y esto va en genios; y basta,
Que es artículo de fe);
  Si quieres saber, repito,
Quién tiene genio... y lo es,
Préstame atención, que en pocas
Palabras te lo diré.
    Genio, además de los genios
Del coplero somatén,
Es el niño de doce años
Que ya fuma y va al café.
    Genio  es la linda doncella
Que, mirando con desdén
Bajas faenas, no tiene
Genio  de hilar ni coser;
  Pero sabe analizar
Las telas de un almacén
Y hacia dónde necesita
Apéndices el corsé.
  Genio  es también inspirado
La que se suelta a leer
En el Optimismo  y otras
Obrillas de ese jaez.
    Genio  es la mujer casada
Que su materno deber
Traslada a pasiega inmunda,
Plus ultra  del interés;
  Que aunque robusta se vea
Más que un mozo de cordel,
Pudiera con la lactancia
Perder el brillo su tez:
  La que oye y ve desde un palco
Con inefable placer
La lógica de Antony,
De Marión  el burdel;
  La que el alma de su esposo
Tiene por baja y soez,
A no ser alma de cántaro
Como algunas que yo sé;
  Y como la suya es alma
De más sublime troquel,
Sólo se aviene con otra
Que la sepa comprender;
  Que si ayer llamaba amante
Al que hoy tirano cruel,
Fue por falta de experiencia
Y sobra de sencillez,
  Y su misión en el mundo
Fue casarse... con cualquier,
Salvo el innato derecho
De arrepentirse después.
  Y es genio privilegiado
El excéntrico doncel
Que a una prójima  anticipa
Consuelos de la viudez,
  O exclama, si ella resiste:
¡¡¡Maldita seas, mujer!!!,
Y amartilla una pistola,
Y se la apunta a la sien...
  Mas ella, ¡ay Dios! se desmaya...,
O lo finge, y Lucifer
Anda listo, y la tragedia
Se convierte en entremés.
  Genio  es también, pero genio
Del Limbo, manso y sin hiel,
El estúpido marido
Que tiene ojos y no ve.
    Genio, otrosí... Mas si a todos
Hubiera de comprender,
Mi catálogo de genios
Llegaría hasta Jaén.
  Baste decir que pasando
Por un mesón anteayer
Oí decir: «¡Y qué genio!
No le hay en Madrid como él».
  Me acerco al amo, y le digo:
«Aunque sea descortés,
¿Qué raro portento es ese?
¿De qué genio  hablaba usted?»
  «Vale un doblón, me responde,
Cada pelo de su piel.
Mire usted»... Y miro; y era...
¡Un caballo cordobés!

autógrafo

Manuel Bretón de los Herreros


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