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        HUÉSPED DE FONDO

Luego llega su rostro de mañana que huye.
Pero huye. No llega. Dibuja sus temblores.
Se queda del tamaño de la esencia. Se queda
donde debió quedarse la primera Primavera,
donde debió quedarse
aquel retozo limpio del agua con el día.

Los niños de aquel patio que juegan, no lo saben,
pero ya me enseñaron a hacer blanda la tarde;
tú vienes mientras tanto con tu rostro de agua,
tú tomas como el agua cualquier forma del hueco;
la lluvia me comprende, por eso viene a veces
a escribirme tu nombre con hilachas de fuga.

Si tal vez hablo un poco de mi manía, y cuento
que aquella simple gota que se cayó del párpado
tomó estatura grave, pues mirar se podía,
dentro de su caliente cristal que meditaba,
los gusanos pulidos de tus dedos de hembra,
tus moluscos que aún viven en el agua salada
de una gota que tiene de caída en la tierra
la edad del primer diente...

Pero,
si tal vez no hablo nada de mi manía, duerme,
que así estarás más cerca,
porque cuando me callo, es cuando estoy cantando,
Y cuando estoy cantando cometo siempre el crimen
de inventarles a los hombres las cosas que me duelen;
cometo siempre el crimen
de decir algo nuevo diciendo cosas viejas...

¡Sólo el dolor inventa!

autógrafo

Manuel del Cabral


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