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      ELLOS NO SE ATREVÍAN

Ellos no se atrevían a beber nuestra agua,
«estaba envenenada», sospechaban...
Pero los helicópteros,
como la lluvia,
se la traían del cielo...
Estos insectos gigantes,
me decía un rebelde humedecido en párpados,
«nos han hecho mucho daño»,
vigilan las cocinas, el humito,
vigilan desde arriba hasta la higiene,
saben hasta el horario de nuestra biología...
Nuestras necesidades... las acechan...
y luego nos envían en bandadas
balas como pájaros que piensan...
Ayer,
no más,
se me acercó un soldado con su idioma,
le toqué el uniforme,
y todo el cuerpo lo tenía blindado,
toda bala que allí da,
es inútil,
se aplasta,
se vuelve inofensiva.
Y, sin embargo,
mañana este valiente será condecorado.
Estos gringos
no saben pelear limpios...
Este soldado con su confort al hombro,
nunca se vio en peligro.
Ya lo que va a la guerra no es el hombre...
Van sólo estos testículos blindados.

autógrafo

Manuel del Cabral


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