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        CARTA PARA UN FÓSFORO NO USADO

Hoy en tu calabozo de bolsillo que piensa,
besándote sin luz con las monedas,
tú estás tranquilo allí, mas no decente...
a ratos dialogando con la mano usurera,
se afirman
peligros concentrados
en tu pequeño cráneo de llama endurecida.
Tú no duermes,
descansas y es tu siesta
como la del soldado en la trinchera
con su casco de guerra hasta las cejas...

Sin embargo,
en tu celda civil, casi siempre andariega,
eres ún hombrecito de pacíficos humos...
cuando de tu prisión te saca el vicio, le pones
fugaz mina de oro,
efímero relámpago al tabaco
que de velos envuelve la palabra...

Pero en ti todavía hay prehistoria,
a pesar de que aún,
eres arregladito,
pulcro,
liso, cuando,
ya con los otros que contigo duermen,
aprieto entre mis manos
civilizado bosque en miniatura.


Así,
quizá esta noche,
pueda que no te vea tan tranquilo,
ni tan manso,
ni tan virgen;
quizá esta noche,
dedos honestos,
dedos de pobre, dedos rebeldes,
harán crecer tu cabecita oscura,
tu cabecita,
que por su fuego veo ya que piensa,
si se va haciendo el día con su hoguera.

Porque hermano,
hermano fósforo,
si agujeros de aurora son tus llagas...
Tú lo sabes, hermano, tú lo sabes,
la sombra tiene precio...

¡Quítale su tamaño de moneda a la muerte!

autógrafo

Manuel del Cabral


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