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        CÁNTICO DE MOISÉS

¡Cantemos al Señor! El prez compete
Todo entero al Señor, que en el profundo
Precipitó el caballo y el jinete.

Así ostentando su poder al mundo
Se hizo mi salvador: mi confianza,
Mi gloria en él, mi fortaleza fundo.

Este es mi Dios, el Dios de mi esperanza;
Este el Dios de mis padres: reverente.
Publicará mi labio su alabanza.

Él en nuestra defensa de repente,
Armado cual fortísimo guerrero,
Apareció: su nombre, Omnipotente.

Los carros, el ejército altanero
Hundió de Faraón; sus escogidos,
Como peñón que por derrumbadero

Cae a la mar, cayeron; sumergidos
Quedaron; los tragaron sin enmienda
Los abismos en alto divididos.

¡Señor! tu diestra alzada con tremenda
Fuerza y poder, al enemigo ataja
Enmedio allí de su gloriosa senda,

Lo abate al polvo y lo confunde; baja
Luego sobre él tu ira y lo devora
Cual rayo ardiente a la menuda paja.

De tu ira al soplo alzáronse a deshora
Las aguas, y su curso suspendiendo,
Consolidose la onda bullidora.

Y entonces dijo el enemigo horrendo:
«Los seguiré, y el corazón sañoso
Hartaré, sus despojos compartiendo.

»Ninguno escapará del poderoso
Hierro con que mi mano fulminante
Segará sus cabezas sin reposo».

¡Mas tu aliento soplando en el instante
Le hizo desparecer de las orillas,
Cual plomo hundido en la ola amenazante!

¿Quién como tú, que lo encumbrado humillas,
Señor? ¿Quién santo y adorable y fuerte,
Quién como tú hacedor de maravillas?

Tendiste el brazo; abriose a obedecerte
La tierra, y sepultó la hueste impía:
¡Así a tu pueblo salvas de la muerte!

Sírvele ahora, sírvele de guía.
Hasta ponerle en la morada santa
Do estableces, Señor, tu monarquía.

Óyelo, y envidioso se levanta
El pueblo infiel: gimiendo y conturbados
Los filisteos caen a tu planta.

Los príncipes de Edom, los esforzados
Desmayan de Moab; los habitantes
Ríndense de Canán amedrentados.

Así torpe temor a los pujantes
Portentos de tu mano, los embista;
Así su fuerza y corazón quebrantes,

Que se enclaven cual piedras: a su vista
Caminará tu pueblo sin contraste,
Este pueblo, Señor, que es tu conquista.

Tú al monte de Sïon, donde fijaste
Tu herencia, allí le llevarás clemente,
Monte que por tus manos fabricaste,

Y allí le plantarás. Omnipotente
Tú por los siglos, y aun allá adelante
Reinas; tú que los carros y la gente

De Faraón armada, del sonante
Mar Rojo hundiste en las cavernas hondas;
¡Tu pueblo empero caminó triunfante
Con planta enjuta en medio de las ondas!

autógrafo

Miguel Antonio Caro


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