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        CONTEMPLACIÓN

Aquella vida de arriba
Es la vida verdadera.

Santa Teresa.

Esa ciudad que veo
Honda brillar, ¡oh cuál se transfigura!
Oigo ya el aleteo
Del tiempo, y con pavura
A ver comienzo un ancha sepultura.

De la vida en un punto
Las vanidades y miserias miro;
Y triste me pregunto:
«¿Por acaso deliro?
¿Qué me falta ? ¿dó estoy? ¿por qué suspiro?»

Llora consigo el alma
No haber la que hubo, cuando Dios quería,
En soledad y calma,
Santa sabiduría,
Lejos de la mundana vocería.

El que la dicha busca
En el festín beodo, ¡oh cuánto yerra!
El ánima se ofusca,
La paz de sí destierra,
¡Ay! ¡disipa el caudal que dentro encierra!

Que solo desasida
De la móvil y ciega muchedumbre,
Se reposa y anida
En soberana cumbre,
De temores exenta y servidumbre.

Cuanto huye del suelo
Siente que se engrandece en cada hora;
Y a la verdad sin velo
Contempla al fin, y adora
Su luz divina, y en su seno mora.

¡Ave descaminada!
Tú que en medio del mundo y su rüido
Tímida y azorada
Revuelas con gemido,
¿Cuándo será que vuelvas a tu nido?

autógrafo

Miguel Antonio Caro


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