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          SUSPIROS DEL ALMA

      DÉCIMAS AL ESTILO ANTIGUO

No cabe en sí el corazón.
Nada ve que le contente,
Gime en extraña región.

Ps. cxviii. 176.

Error culpado es buscar
La ventura por afuera,
Y así tras ella bogar
Como la nao velera
Que se engolfa en alta mar.
Ya abismada, ya subida,
Ya de vientos combatida,
Contino temblante ve
Lo que será en lo que fue,
Y en la altura la caída.

Después de lo que sufrí,
Señor, a vuestra guarida,
Me vuelvo, ¡pobre de mí!
Como la oveja perdida
Que se encara aquí y allí;
Y del pecho con latido,
Busca el rastro conocido,
Balando tras el pastor,
Y en la noche su temor
Acrecienta y su gemido.

Los gustos tan deseados
Del mundo, siendo venidos,
Parecen tristes, menguados:
Muy otros son esperados
Que después de conseguidos.
Pero el bien que en vos se funda
Es consolación profunda
Que nunca acierta a menguar;
Es íuego que crece, es mar
Que sin límites abunda.

No del golfo labradores,
No hablen del campo marinos:
Mal presumen pecadores
Contentamientos divinos,
O los presumen menores.
No oteas, hombre camal,
Que es alteza espiritual
Lo que en el siglo bajeza;
Que es tesoro la pobreza,
Gozo el llanto, bien el mal.

Mas quien atine a gozaros,
Aunque se aluengue a perderos,
Torna a la fin a buscaros,
Que por campos extranjeros
No le vaga de pensaros.
Alejamiento, no olvido,
Cabe en quien de cerca os vido:
Cosa del hombre es errar;
Cosa vuestra perdonar,
Señor, al arrepentido.

En mitad del claro día
Ya vaguear no me agrada
Con semblante de alegría,
Si inquieta va y azorada
Por dedentro el alma mía.
Quiero andar en noche escura,
En torno viendo tristura,
Si en el peligro mayor
Me asegura vuestro amor
Por dedentro la ventura.

¡Señor! volvé al corazón
Do ya fuistes hospedado;
Volvé, sin dejar rincón
A vuestro paso cerrado
O escondido a vuestro don.
A aqueste repuesto abrigo
Do os aguardo sin testigo,
¡Jesús amado! volvé:
De hoy más con vos moraré
Si queréis morar conmigo.

¡Oh muda felicidad
Estar el alma con Dios!
¡Oh sabrosa soledad,
Hablar a solas los dos
En secreta intimidad!
Ya escucho, ya vuestro acento,
Que os vais acercando siento:
Pues he de callar, Señor,
Para gozar a sabor
Vuestro dulce advenimiento.

autógrafo

Miguel Antonio Caro


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