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        A ROMA

    TRADUCCIÓN DE HORACIO

Qualem ministrvm...

(Celebra Horacio en esta oda la victoria alcanzada sobre los vindelicios por Druso Nerón, entenado de Augusto, el año 738 de Roma: de donde se divierte a hacer sensatas reflexiones morales en alabanza del emperador, y a recordar las glorias del cónsul Claudio Nerón, progenitor del héroe que canta y de su hermano Tiberio, y vencedor de Asdrúbal sobre el Metauro, el año 547, — En la presente traducción va alternada la consonancia grave con la asonancia aguda: combinación modernamente introducida por poetas americanos, según parece, y que, satisfaciendo plenamente al oído, no hay razón para condenar).

Cual del rayo la fiel ministradora,
A quien el reino de las aves dio
De los dioses el rey, cuando a deshora
Al rubio infante arrebató veloz;

Que se apartó del nido a los primeros
Impulsos de su ingénita altivez,
E idos los vernales aguaceros,
Sobre las auras vaciló después;

Audaz más tarde impetuosa embiste
A los rebaños ; invencible al fin
Busca al fiero dragón que la resiste,
De presa ansiosa y de sangrienta lid:

O cual león que de la madre roja
Separado, los dientes a ensayar,
Sobre la cabra tímida se arroja
Que incauta pace en el florido val;

Druso en tal modo su denuedo ostenta
Cuando anheloso de luchar, al pie
De los réticos Alpes se presenta
Y con temblor los bávaros le ven.

Quién de hachas amazónicas el uso
Entre ellos, en la oscura antigüedad,
Introdujera, averiguar excuso;
Ni todo al hombre revelado está.

Mas su nación que entre naciones tantas
Potente en triunfos se ostentó sin fin,
Vencida entonces conoció, a las plantas
Derribada del joven adalid,

Adonde alcanza el ánimo robusto
Que en fausto alcázar se educó en el bien;
Cuánto el cuidado paternal de Augusto
Fecundo en pro de los Nerones fue.

Fuertes engendra el fuerte: el brío asoma
De la raza, en el toro, en el bridón:
¿Alguna vez la tímida paloma
Se vio nacer del águila feroz?

¡Jamás! Pero el ejemplo y la enseñanza
Mas fuerza a pechos generosos dan:
Y allí do el vicio se introduce, alcanza
La heredada virtud a mancillar.

¡Roma! el Metauro ensangrentado diga
Cuánto de los Nerones al valor
Debes; dígalo el sol que la enemiga
Oscuridad de Italia disipó,

Y nos pudo el primero, coronado
De sagrada victoria, sonreír,
Desde que el africano desbordado
Recorrió nuestro mísero país

¡Como entre seco matorral serpea
Tal vez el fuego rápido y voraz,
como el Euro indómito espolea
Sus caballos flamígeros al mar!

Hijos tuyos de entonces vencedores
Empuñaron, ¡oh Boma! tu pendón,
Y númenes se irguieron vengadores
En los templos que el peno devastó.

Sincero Aníbal por la vez primera,
«Vamos cual ciervos», —triste dijo al fin—,
«En pos del lobo, cuando triunfo fuera
Burlar sus iras con astuto ardid.

»Esa nación que por los anchos mares
A la playa latina trasladó
Niños y ancianos y vencidos lares
Que arrancara a las llamas de Ilïon,

»Se alza entre ruinas con aliento doble,
Cual en la álgida selva, que a la luz
Entradas niega, desmochado el roble
Saca vigor de la tenaz segur.

»Cortada siempre y siempre recreciendo,
No empero a Alcides con fiereza tal
La hidra aterró, ni monstruo tan horrendo
Coicos ni Tebas abortó jamás.

»¡Arrojadlos al mar; saldrán más fieros!
¡Postradlos; se alzarán para vencer!
Nunca falta proeza a sus aceros
Que grato asunto a sus esposas dé.

»No ya a Cartago nuncios de victoria
Aguardar cabe ni esperar salud:
¡Marchito está el laurel de nuestra gloria!
¡Todo, Asdrúbal, cayó, cayendo tú!»

¿Quién ya pondrá a los Claudios resistencia?
Jove benigna protección les da,
Y con valor regido de prudencia,
Terribles trances saben arrostrar.

autógrafo

Miguel Antonio Caro


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