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              HORA XXXII

              LA ORACIÓN

En horas de pesar, de horror, de duelo,
En que perdido el pensamiento humano
Se arrastra en soledad lejos del cielo
Como el arcángel réprobo que en vano
Tiende lejos de Dios su eterno vuelo;

En esas horas de dolor profundo
He escuchado una voz que me convida
Reanimando mi pecho moribundo,
Y he gustado esperanzas de otra vida,
Y he sentido consuelos de otro mundo.

Y volviendo del éxtasis, de hinojos
Caído en el terráqueo pavimento,
He elevado con lágrimas los ojos,
Por ver en el azul del firmamento
El ángel que aliviaba mis enojos.

¡Qué engaño ! El ángel que en los cielos mora
Al mustio pecador se muestra esquivo
Es humana esa voz consoladora;
Es algun corazón que compasivo,
Lejos de mí, de mí se acuerda, y ora.

¿Quién es? De no saberlo me contristo,
Y como el pobre que agradece y llora
La limosna al sentir de a quien no ha visto,
Beso a ciegas la mano bienhechora
Y digo: "¡Tu bondad corone Cristo!".

autógrafo

Miguel Antonio Caro


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