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        LA FLECHA DE ORO

Yo busco una flecha de oro
que niño de un hada adquirí,
y «Guarda el sagrado tesoro»,
—me dijo—; «tu suerte está ahí».

Mi padre fue un príncipe: quiere
un día nombrar susesor
y a quel de dos hijos prefiere
que al blanco tirare mejor.

A liza fraterna en el llano
salimos con brío y con fe:
la punta que arruja mi hermano
clavada en el blanco se ve.

En tanto, mi  loca saeta,
lanzada con ciega ambición,
por cima pasó dela meta,
cruzando la etérea región.

En vano en el bosque vecino,
en vano la busco doquier:
tomó misterioso camino
que nunca he logrado saber.

El cielo me ha visto horizontes
salvando con ávido afán,
y mísero a valles y a montes
pidiendo mi infiel talismán.

Y escucho una voz: «Adelante»,
que me hace, incansable, marchar;
repítela el viento zumbante;
me sigue en la tierra y el mar.

Yo busco una flecha de oro
que niño de un hada adquirí,
y «Guarda el sagrado tesoro»,
—me dijo—; «tu suerte está ahí».

autógrafo

Miguel Antonio Caro


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