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  ROMANCE DE LAS TIERRAS

Llaneros, los que cantáis
coplas de ayer, coplas viejas,
y al son de cuatro y maracas
evocáis cosas pretéritas:
cantadme, como hace un siglo,
con alma la copla aquella:
«Mientras haya un General
no compro ni una becerra
pues ellos para robar
de na' forman una guerra»,
Entonces sabréis por qué
Yo os quise tentar la lengua.
Ahora os voy a contar
El romance de mis tierras.
Buscaron nuestros abuelos
No en vano la independencia.
Buscáronla en todas partes
Y ninguno dio con ella.
En el brillo de sus lanzas
Roja se hizo la contienda,
Y el héroe de la llanura
Era Páez, a muchas leguas.
Y a sus llaneros habló
De ir a conquistar la tierra
Para todos por igual.
¡Para todos!Y la gesta
la hicieron aquellos hombres
curtidos, de piel morena,
que tenían la ambición
en firme, como sus piernas;
que domaron con el látigo
de su voluntad serena
el hambre y la desnudez,
y al lomo de flacas bestias,
llano arriba, llano abajo,
como las garzas rumberas,
por todas partes pasaron
buscando esta patria nuestra.
De repetir improperios
tornan, al fin, de la guerra,
y el grito de los lanceros
como una lanza se quiebra.
Rotos, descalzos, desnudos,
reclaman la vieja oferta
que hiciera el catire Páez
antes de ir a Las Queseras.
Se impacientan, amenazan
con encendidas protestas;
pero ya el caudillo es amo,
y el amo a cumplir se niega
lo que promete una vez
cuando ve las cosas negras,
y el prometió en la llanura
repartir todas las tierras.
Palabras que torció el viento
como el humo de las quemas,
al sur de la realidad
y que hoy nadie las recuerda.
Los próceres, los caudillos,
de aquella sonada gesta,
se hicieron dueños de todo,
dueños de vidas y haciendas,
burlando así la ambición
de aquella gente insurrecta,
desde los primeros días
de urgida la independencia.
Llano arriba, llano abajo,
va la expedición de vuelta.
se hizo baldío el anhelo
de crear la patria nueva.
«Sobre la yerba la palma.
Sobre la palma la estrella».
Sobre el caballo el llanero.
Sobre él su vida enferma.
La lanza ensartó victorias
en innúmeras proezas.
También ensartó paisajes
de sol y de luna nueva.
La sangre quedó en las manos
prometiendo una bandera.
Cantadme, como hace un siglo,
con alma, la copla aquella:
«Mientras haya un General
no compro ni una becerra,
pues ellos para robar
de na’ forman una guerra».

autógrafo

Manuel Felipe Rugeles


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