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      MALAGUEÑAS

Si te quise, no lo sé;
si me quisiste, tampoco...
Pues... borrón y cuenta nueva:
yo, con otra, y tú, con otro.

Por querer a una mujer,
un hombre perdió la vida,
y aquella mujer perdió...
la diversión que tenía.

A la orillita del río
me pongo a considerar:
mis penas son como el agua,
que no acaban de pasar.

Publica la enfermedad
aquel que espera el remedio.
Yo no pregono mis males,
porque curarme no quiero.

No sólo canta el que canta,
que también canta el que llora
No hay penita ni alegría
que se quede sin su copla.

Ya te lo decía yo
que aquello se acabaría:
que en la casa de los pobres
dura poco la alegría.

Cuando me miras, me matas....
y si no me miras, más:
son puñales que me clavas
y los vuelves a sacar.

Cuando me pongo a cantar,
me salen, en vez de coplas,
las lágrimas de los ojos,
los suspiros de la boca.

¿Para qué quieren oír
y para qué quieren ver
oídos que no la escuchan
y ojitos que no la ven?

Te quiero porque te quiero,
no por interés ninguno:
dinero, sin gusto, es ná,
y el gusto, siempre es el gusto.

La Virgen de la Esperanza,
aquella que está en San Gil,
aquella Señora sabe
lo que yo te quiero a ti.

Con toíto lo que puede
el Señor del Gran Poder,
me dijo que  no podía
curarme de tu querer.

¡Ay Maresita del Carmen!
¡Qué pena tan grande es
estar juntito del agua
y no poderla beber!

autógrafo

Manuel Machado


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