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        BESOS

                VI

        EL ÚLTIMO BESO

Empujé, vacilando como un ebrio
        la entrecerrada puerta.
Había en la estancia gentes que lloraban,
y en medio de los cirios funerarios,
        ella... ¡mi vida!... muerta.

  Pálido mármol que esculpió la muerte
        en su mano de hielo,
la hermosura terrestre de la virgen,
del abierto sepulcro, por la entrada
se iluminaba con la luz del cielo.

  Llegué, me arrodillé... y aquel gemido
        que lanzó mi alma loca
hizo temblar la llama de los cirios...
Después..., no supe más... Un beso eterno
clavó a su frente mi convulsa boca.

  Todo el llanto de mi alma, el duelo inmenso,
        ¡oh niña! de perderte,
estaba en ese beso de la tumba...
—¿Te lo llevó, verdad?—, llegando al cielo,
        el ángel de la muerte?

autógrafo

Manuel María Flores


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