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        A UNA GOLONDRINA

Golondrina que vuelas en la tarde opalina
rasgando la insondable claridad de zafir:
en mi alma, donde todo lo imposible germina,
nacen hondos anhelos de quererte seguir.

Si pudiera cernirme, como tú, golondrina,
por albergue me vieran un lucero elegir,
y entretejer, muy lejos de la tierra mezquina,
nido contra los crudos hielos del porvenir.

Pero el limo del mundo mi sandalia sujeta,
y aunque agita las alas mi ambición de poeta,
el peso de la vida no la deja volar.

Y al ver cómo te pierdes en la luz del ocaso,
te sigo con envidia, yo que la vida paso
queriendo de mi propio corazón emigrar.



Miguel Rasch Isla


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