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        SALAMANCA

                I

Alto soto de torres que al ponerse
tras las encinas que el celaje esmaltan
dora a los rayos de su lumbre el padre
        Sol de Castilla;

                II

bosque de piedras que arrancó la historia
a las entrañas de la tierra madre,
remanso de quietud, yo te bendigo,
        ¡mi Salamanca!

                III

Miras a un lado, allende el Tormes lento,
de las encinas el follaje pardo
cual el follaje de tu piedra, inmoble,
        denso y perenne.

                IV

Y de otro lado, por la calva Armuña,
ondea el trigo, cual tu piedra, de oro,
y entre los surcos al morir la tarde
        duerme el sosiego.

                V

Duerme el sosiego, la esperanza duerme
de otras cosechas y otras dulces tardes,
las horas al correr sobre la tierra
        dejan su rastro.

                VI

Al pie de tus sillares, Salamanca,
de las cosechas del pensar tranquilo
que año tras año maduró en tus aulas,
        duerme el recuerdo.

                VII

Duerme el recuerdo, la esperanza duerme
y es el tranquilo curso de tu vida
como el crecer de las encinas, lento,
        lento y seguro.

                VIII

De entre tus piedras seculares, tumba
de remembranzas del ayer glorioso,
de entre tus piedras recogió mi espíritu
        fe, paz y fuerza.

                IX

En este patio que se cierra al mundo
y con ruinosa crestería borda
limpio celaje, al pie de la fachada
        que de plateros

                X

ostenta filigranas en la piedra,
en este austero patio, cuando cede
el vocerío estudiantil, susurra
        voz de recuerdos 1.

                XI

En silencio fray Luis quédase solo
meditando de Job los infortunios,
o paladeando en oración los dulces
        nombres de Cristo.

                XII

Nombres de paz y amor con que en la lucha
buscó conforte, y arrogante luego
a la brega volviose amor cantando,
        paz y reposo.

                XIII

La apacibilidad de tu vivienda
gustó, andariego soñador, Cervantes,
la voluntad le enhechizaste y quiso
        volver a verte. 2

                XIV

Volver a verte en el reposo quieta,
soñar contigo el sueño de la vida,
soñar la vida que perdura siempre
        sin morir nunca.

                XV

Sueño de no morir es el que infundes
a los que beben de tu dulce calma,
sueño de no morir ese que dicen
        culto a la muerte.

                XVI

En mí florezcan cual en ti, robustas,
en flor perduradora las entrañas
y en ellas talle con seguro toque
        visión del pueblo.

                XVII

Levántense cual torres clamorosas
mis pensamientos en robusta fábrica
y asiéntese en mi patria para siempre
        la mi Quimera.

                XVIII

Pedernoso 3 cual tú sea mi nombre
de los tiempos la roña resistiendo,
y por encima al tráfago del mundo
        resuene limpio.

                XIX

Pregona eternidad tu alma de piedra
y amor de vida en tu regazo arraiga,
amor de vida eterna, y a su sombra
        amor de amores.

                XX

En tus callejas que del sol nos guardan
y son cual surcos de tu campo urbano,
en tus callejas duermen los amores
        más fugitivos.

                XXI

Amores que nacieron como nace
en los trigales amapola ardiente
para morir antes de la hoz, dejando
        fruto de sueño.

                XXII

El dejo amargo del Digesto hastioso
junto a las rejas se enjugaron muchos,
volviendo luego, corazón alegre,
        a nuevo estudio.

                XXIII

De doctos labios recibieron ciencia
mas de otros labios palpitantes, frescos,
bebitron del Amor, fuente sin fondo,
        sabiduría.

                XXIV

Luego en las tristes aulas del Estudio,
fríaa y oscuras, en sus duros bancos,
aquietaron sus pechos encendidos
        en sed de vida

                XXV

Como en los troncos vivos de los árboles
de las aulas así en los muertos troncos
grabó el Amor por manos juveniles
        su eterna empresa.

                XXVI

Sentencias no hallaréis del Triboniano,
del Peripato no veréis doctrina,
ni aforismos de Hipócrates sutiles,
        jugo de libros.

                XXVII

Allí Teresa, Soledad, Mercedes,
Carmen, Olalla, Concha, Blanca o Pura,
nombres que fueron miel para los labios,
        brasa en el pecho.

                XXVIII

Así bajo los ojos la divisa
del amor, redentora del estudio,
y cuando el maestro calla, aquellos bancos
        dicen amores.

                XXIX

Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro
aprendieron a amar los estudiantes
mientras los campos que te ciñen daban
        jugosos frutos.

                XXX

Del corazón en las honduras guardo
tu alma robusta; cuando yo me muera
guarda, dorada Salamanca mía,
        tú mi recuerdo.

                XXXI

Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno heraldo,
        di tú que he sido.

[1904]

autógrafo
Miguel de Unamuno


1 Los que conocen Salamanca saben que al pie de la fachada plateresca de su Universidad se alza una estatua de fray Luis de León, en el patio alegrado por la algazara estudiantil en los intermedios de las clases y silencioso y mustio cuando éstas se cierran. (Nota del Autor.).

2 La estrofa referente a Cervantes no es más que el arreglo de un pasaje en prosa en que él mismo habla de cómo la apacibilidad de la vivienda de Salamanca enhechiza la voluntad de volver a ella. (Nota del Autor.).

3 El adjetivo pedernoso me he permitido forjar con arreglo a la analogía de pedernal y otras formaciones similares. (Nota del Autor.).


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