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      QUEJAS DE LA ESPOSA

Cuando te pones de hinojos
el corazón se me ensancha;
alza a la Virgen tus ojos,
ojos sin mancha,
reza conmigo, mi amor.

Reza por él, porque vuelva
a mi jardín recogido,
en lo peor de la selva
lucha perdido,
tras hechizo engañador.

Pide, hijo mío, a mis brazos
la dulce Virgen le traiga;
de la hechicera en los lazos
pide no caiga;
reza, hijo mío, con fe.

¡Oh, te engendró en mi cariño,
de mis recuerdos tesoro!
¡calla, no llores, mi niño...
si es porque lloro
yo contigo lloraré...!

Entre lágrimas mezclemos
mi pesar y tu inocencia,
tal vez así lograremos
de la clemencia
del Señor le torne a paz.

Tú no sabes por qué lloras,
si no lloras por mi llanto,
llegarán las tristes horas
de tu quebranto
y lo que hoy lloras sabrás.

Reza tú, que no conoces
el peligro que te amaga,
oye mejor Dios las voces
a que no estraga
de la dicha el interés.

Reza tú, limpio cordero,
reza conmigo, hijo mío
pide la vuelta al sendero,
vera del río,
donde sus penas lavé.

De! río de la costumbre
sola fuente de sosiego,
pide a la Virgen le alumbre
¡pobre, está ciego!
pide que le vuelva a mí.

Y que en mis brazos olvide
sus fugitivos ardores,
pide, que siempre el que pide
por ley de amores
vence y logra recibir.

Los besos con que hoy te besa
llevan veneno y mancilla,
y en ellos sucia pavesa;
por lo sencilla
no mancha a tu alma su ardor.

Cuando te besa bien veo
cómo tus ojos me miran,
tú no lo sabes, mas creo
que ellos suspiran
mientras sonríes, mi amor.

Torpes votos me provoca
de rencor mi desventura...
reza tú, porque en tu boca
pura se apura
la oración de toda su hez.

Lleva a la Virgen mis duelos
en alas de tu pureza;
reza alegre, que en los cielos
es mi tristeza
de la carne pequeñez.

Reza, hijo mío... ¿Sonríes?
Así te quiero, risueño...
(Corazón, no desconfíes
de que tu dueño
si te esfuerzas, vuelva a ti)

Levántate ya, hijo mío,
que estoy serena y tranquila,
¿no ves que también sonrío?
ya no vacila
mi pobre fe, ¡ya vencí!

Ven a mis brazos, mi prenda,
quiero en los ojos besarte...
Contigo al lado en mi senda,
Dios de mi parte,
¿qué me importa lo demás?

Y ahora vete, corre, canta...
¡adiós!... ya se fue... ¡Me muero!
¿hasta cuándo, Virgen santa,
pesar tan fiero?
¡me muero... no puedo más!

autógrafo
Miguel de Unamuno


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