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                XX

Junto al caserío Jugo,
barrio de Aperribay, en la anteiglesia
de Galdácano, Vizcaya.

Aquí, en la austeridad de la montaña,
con el viento del cielo que entre robles
se cierno, redondearon pechos nobles
mis abuelos; después, la dura saña

banderiza el verdor fresco que baña
Ibaizábal con férreos mandobles
enrojeció, y en los cerrados dobles
del corazón dejó gusto de hazaña

a mi linaje. Vueltos de la aldea
a la paz dulce y del trabajo al yugo,
la discordia civil prendió la tea

que iluminó su vida y fue verdugo
de la modorra que el sosiego crea.
Y así se me fraguó sangre de Jugo.

Bilbao, IX-1910.

autógrafo
Miguel de Unamuno


Protesto de que en el último verso no he querido hacer un retruécano. Los odio tanto que estuve pensando suprimir este soneto. El retruécano me parece la forma más baja del ingenio, o por mejor decir la forma favorita de los más bajos ingenios. Su afición a él es una de las cosas que más me impide reconciliarme del todo con el gran Quevedo. Jugo es mi apellido materno, y mientras por mi línea paterna nada sé arriba de mi abuelo, confitero que fue en Vergara, poseo la serie de mis abuelos maternos a partir del octavo Juan de Jugo, cuyo hijo, Pedro de Jugo Sáez Abendaño, nació en 1608 en Galdácano. (Nota del Autor)


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Los sonetos de Bilbao